Artículo enviado por Juan Manuel Blanco (Argentina)

 
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Las Alternativas Educativas 

LA INTEGRACIÓN

En los internados, en los colegios especiales y en los centros ordinarios se desarrollan programas educativos para niños con problemas auditivos alrededor del mundo. Schildroth (1986) señala que las inscripciones en los más de 60 colegios públicos para internos con trastornos de la audición de los Estados Unidos han disminuido mucho a medida que han aumentado los programas de los colegios públicos. Alrededor del 40% de los alumnos con trastornos auditivos que asisten a internados en los Estados Unidos lo hacen a tiempo parcial (Paul y Quigley, 1990). Más del 90% de los alumnos que concurren actualmente a colegios internos sufren trastornos auditivos graves y profundos, y casi un tercio de los que padecen trastornos auditivos que están internados en un centro sufren discapacidades adicionales.

Los programas educativos para niños con trastornos de la audición de los colegios públicos se han multiplicado a consecuencia de la nueva legislación, el perfeccionamiento de los audífonos y otras tecnologías, y por el aumento de la demanda de servicios por parte de los padres y los ciudadanos sordos en Estados Unidos (Davis, 1986). Los niños con trastornos de la audición escolarizados en los centros ordinarios pueden estar en aulas separadas o integrarse total o parcialmente a las aulas ordinarias. Menos del 50% de los alumnos con déficits auditivos se integran en las aulas ordinarias, y la mayoría de ellos tienen pérdidas auditivas menores a 90 dB (Karchmer, 1984).

Según Davis (986), los elementos más importantes para el éxito de los niños con trastornos auditivos en las aulas ordinarias son:

o        Buenas capacidades de comunicación oral.

    • Fuerte apoyo de los padres.
    • Inteligencia media o superior a la media.
    • Confianza en sí mismos.
    • Servicios de apoyo adecuados, como tutorización, consultas audiológicas y reeducación del habla.

 

Al igual que con todos los demás alumnos, no debemos descuidar el factor más importante del éxito de los alumnos en las aulas ordinarias (o en cualesquiera otras): la calidad de la enseñanza. Después de estudiar la ejecución en matemáticas de 215 alumnos de secundaria con trastornos de la audición integrados en aulas de educación especial separadas o en aulas con o sin intérpretes, Kluwin y Moores (1989) concluyeron que "la calidad de la educación es el factor determinante del rendimiento, con independencia de la integración escolar".

Se discute mucho el lugar en que deben educarse los alumnos sordos, y algunas investigaciones, así como la opiniones de muchas personas, se inclinan a favor de su integración en internados y en aulas ordinarias. La mayor importancia que se otorga a la integración ha llevado a muchos investigadores a cuestionar la eficacia de los colegios de internos, pero las investigaciones no han demostrado que éstos provoquen retrasos en el rendimiento académico o social de los alumnos sordos. Otros estudios, por el contrario, sugieren que la educación en colegios para internos puede resultar más eficaz para algunos alumnos. Por ejemplo, Braden, Maller y Paquin (1993) informan que el CI de niños con trastornos de la audición educados en colegios de internos aumentó a lo largo de los 3 o 4 años que vivieron en el centro, pero que las puntuaciones de CI de niños de similares características integrados en colegios ordinarios no se comportaron así.

"Los resultados de este estudio desmienten claramente la creencia de que la escolarización en colegios segregados para internos inhibe invariablemente el desarrollo de las capacidades cognitivas. Debe abandonarse la suposición de que los niños con déficits auditivos se benefician con la integración en aulas ordinarias hasta que se disponga de información adicional sobre sus efectos en el desarrollo cognitivo, social y educativo de estos alumnos."

 

En un estudio sobre los efectos de la integración en aulas ordinarias en el rendimiento académico de alumnos sordos de secundaria, Kluwin (1993) informó que aunque los alumnos integrados en aulas ordinarias según su contenido académico lograron mejores evaluaciones que los que pasaban toda la jornada escolar o la mayor parte de ella en aulas separadas, el motivo de las diferencias entre ellos pudo deberse a la programación del currículo y a la selección de los alumnos y no al entorno mismo donde se llevó a cabo el programa de instrucción. Al discutir estos resultados, Kluwin escribe:

"La conclusión a que podemos llegar es que para algunos alumnos sordos la integración en aulas ordinarias es una buena opción educativa, (en especial los que tienen déficits auditivos leves como hipoacusia leve o ligera) pero para otros son más apropiadas las aulas especiales (...) En último término, no podemos condenar ni apoyar ninguna modalidad educativa de integración de los alumnos sordos, porque existen múltiples factores que forman un complejo entramado de relaciones mutuas. De hecho, debemos regresar a las bases mismas de la educación especial, esto es, a la consideración individual de cada alumno y de su situación concreta."

 

Por tanto, la decisión de integración o segregación debe ser tomada anualmente por el grupo de especialistas, familiares, educadores y el alumno en sí (en caso de que este se encuentre en capacidad) que componen el grupo de planeación de PDI (Programa de Desarrollo Individualizado) y en base a este alumno en específico tomar la decisión de cuál sería el ambiente menos restrictivo para este que le permita su máximo desarrollo cognitivo, social, físico y moral.

 

 

 

LOS INTÉRPRETES EDUCATIVOS

 

La profesión de interprete- esto es, traducir mediante signos el discurso de un profesor u orador para una persona sorda- tuvo su origen en 1964, con la creación de una organización profesional llamada Registry of Interpreters for the Deaf (RID). Muchos países desarrollados tienen programas de entrenamiento de intérpretes, que deben aprobar exámenes para recibir el certificado del RID. Al principio, esta institución estaba compuesta por intérpretes independientes, que trabajaban sobre todo con adultos en procesos judiciales o diagnósticos médicos.

El papel del interprete educativo (también llamado traductor) ha permitido a muchos estudiantes con trastornos de la audición seguir una carrera universitaria. También ha aumentado su intervención en los cursos básicos y secundarios en algunos países. Su trabajo puede variar de un colegio a otro, pero generalmente desempeñan tareas como la tutorización, la colaboración con los profesores especiales, la confección de historiales y la supervisión de alumnos con trastornos auditivos.

LA EDUCACIÓN SUPERIOR

 

Existen cada día una mayor cantidad de oportunidades educativas para alumnos con trastornos de la audición que terminan secundaria. Uno de los centros más antiguos y conocidos es la Universidad de Gallaudet de Washington, en Estados Unidos, donde se imparte una amplia variedad de cursos universitarios y de postgrado en artes, ciencias, educación, comercio y otros campos; estudiantes provenientes de los Estados Unidos, Canadá y de muchos otros países se disputan las plazas.

En Gallaudet las clases se imparten simultáneamente a través del lenguaje oral y del lenguaje de signos (ASL). EL National Technical Institute for the Deaf (NTID), de Rochester, Nueva York, ofrece amplios programas sobre tecnología, capacitación laboral y ciencias empresariales como informática, gestión hotelera, fotografía y tecnología médica. Tanto Gallaudet como el NTID se financian con fondos nacionales estadounidenses, y cada una tiene aproximadamente 1,500 estudiantes con trastornos de la audición.

Más de 150 instituciones de educación superior alrededor del mundo han desarrollado programas especiales con servicios de apoyo para alumnos con deficiencias auditivas. En nuestro país contamos con el apoyo de algunas instituciones de educación pero se carece de una universidad que ofrezca posibilidad de matriculación a alumnos con sordera.

El porcentaje de alumnos con trastornos auditivos que asisten a programas educativos universitarios mundialmente ha aumentado mucho durante los últimos 20 años. Alrededor del 40% de los alumnos con trastornos de la audición pasa a la universidad (Connor, 1986), y el número de peticiones para cursar estudios universitarios ha aumentado más en carreras relacionadas con las ciencias empresariales y la función pública (Rawlings y King, 1986). Se espera que el aumento de los programas terciarios incremente las oportunidades profesionales y de entrenamiento laboral de los adultos sordos.

CONCLUSIÓN

 

Mundialmente cada vez hay más niños con trastornos de la audición que se educan en escuelas públicas ordinarias. En nuestro país ya se contempla en las nuevas regulaciones la integración de los niños con discapacidades en las aulas ordinarias y se trabajan varios colegios a manera de plan piloto. Esto implica que la educación con los métodos orales seguirán teniendo una gran importancia. Después de todo, el habla es la forma de comunicación más empleada entre los profesores y los alumnos de las aulas ordinarias. Pero también es probable que la comunicación manual, y especialmente el ASL, sean más conocidos para el público en general. En algunas escuelas estadounidenses ya se enseña el lenguaje de signos a los alumnos oyentes, y hay una cantidad de personas cuyos empleos les ponen en contacto directo con el público –como policías, bomberos, azafatas de vuelo y empleados hoteleros y de banca- que aprenden a comunicarse manualmente con personas con déficits auditivos. Se están haciendo cada vez más frecuentes los programas de televisión, las películas y los conciertos y otros espectáculos que incluyen intérpretes o imágenes impresas, y no es inusual ver a un intérprete del lenguaje de signos junto a un orador o un artista.

A pesar de la expansión reciente de los programas terciarios de educación y entrenamiento, muchos adultos con trastornos de la audición encuentran limitaciones y barreras para progresar o tan sólo ingresar en un trabajo.

El papel esencial que desempeña el ASL en la cultura de los sordos, junto con el reconocimiento de que es la lengua principal de los niños sordos, aumentará probablemente la intensidad del viejo debate sobre cómo debe enseñarse a hablar a los niños con déficits auditivos.

Los adelantos tecnológicos ya están produciendo cambios importantes en la vida de muchas personas sordas. Además de las avanzadas técnicas que se utilizan en la actualidad para detectar pérdidas auditivas y para aprovechar los restos auditivos, existe una serie de aparatos conocidos como ayudas para la producción del habla que consiguen que las personas sordas mejoren su expresión oral. Los implantes de cóclea han logrado que incluso personas con deficiencias auditivas sensorioneurales profundas aprovechen sus restos auditivos.

Las computadoras portátiles (laptops), el Internet y sistemas de agendas con correo electrónico portátiles (Palm) se aplican cada vez más en la educación académica de los alumnos con problemas auditivos. Por ejemplo ya está en uso en Estados Unidos un programa de computadora que utiliza imágenes y representaciones de los signos del ASL para mejorar las capacidades de lectura y escritura de los niños sordos.

Todos estos avances han ayudado a un desarrollo de la comunidad sorda mundialmente, pero en países como el nuestro donde nos faltan fondos para las aulas ordinarias, la ayuda de este tipo de tecnología está distante. Los sordos tienen todo el derecho a una educación completa y a formar parte activa de nuestra comunidad pero ante nada a tener una vida digna. Aun faltan muchos pasos para lograr esta meta, y muchas personas trabajan para ella, pero lo principal en lo que todos podemos contribuir es en concientizar a los demás para la aceptación y comprensión de los sordos.

 

BIBLIOGRAFÍA

Bathsaw, Mark L., M.D. Children with Disabilities. Cuarta edición, Paul H. Brooks Publishing Co., Baltimore, 1998.

  • Delgado Domínguez, Juan José. Hipoacusia Infantil. World Wide Web, www.medynet.com. Madrid, 1999.
  • Heward, William L.; Niños Excepcionales, Una introducción a la educación especial; Quinta edición, Prentice Hall, Madrid, 1998.
  • *, El niño excepcional. *(Otras informaciones no legibles en la copia obtenida).

 

 


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