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Las Alternativas Educativas
LA INTEGRACIÓN En los internados, en los
colegios especiales y en los centros ordinarios se desarrollan programas
educativos para niños con problemas auditivos alrededor del mundo.
Schildroth (1986) señala que las inscripciones en los más de 60 colegios
públicos para internos con trastornos de la audición de los Estados
Unidos han disminuido mucho a medida que han aumentado los programas de
los colegios públicos. Alrededor del 40% de los alumnos con trastornos
auditivos que asisten a internados en los Estados Unidos lo hacen a tiempo
parcial (Paul y Quigley, 1990). Más del 90% de los alumnos que concurren
actualmente a colegios internos sufren trastornos auditivos graves y
profundos, y casi un tercio de los que padecen trastornos auditivos que
están internados en un centro sufren discapacidades adicionales. Los programas educativos para
niños con trastornos de la audición de los colegios públicos se han
multiplicado a consecuencia de la nueva legislación, el perfeccionamiento
de los audífonos y otras tecnologías, y por el aumento de la demanda de
servicios por parte de los padres y los ciudadanos sordos en Estados
Unidos (Davis, 1986). Los niños con trastornos de la audición
escolarizados en los centros ordinarios pueden estar en aulas separadas o
integrarse total o parcialmente a las aulas ordinarias. Menos del 50% de
los alumnos con déficits auditivos se integran en las aulas ordinarias, y
la mayoría de ellos tienen pérdidas auditivas menores a 90 dB (Karchmer,
1984). Según Davis (986), los
elementos más importantes para el éxito de los niños con trastornos
auditivos en las aulas ordinarias son: o
Buenas capacidades
de comunicación oral.
Al igual que con todos los
demás alumnos, no debemos descuidar el factor más importante del éxito
de los alumnos en las aulas ordinarias (o en cualesquiera otras): la
calidad de la enseñanza. Después de estudiar la ejecución en matemáticas
de 215 alumnos de secundaria con trastornos de la audición integrados en
aulas de educación especial separadas o en aulas con o sin intérpretes,
Kluwin y Moores (1989) concluyeron que "la calidad de la educación
es el factor determinante del rendimiento, con independencia de la
integración escolar". Se discute mucho el lugar en
que deben educarse los alumnos sordos, y algunas investigaciones, así
como la opiniones de muchas personas, se inclinan a favor de su integración
en internados y en aulas ordinarias. La mayor importancia que se otorga a
la integración ha llevado a muchos investigadores a cuestionar la
eficacia de los colegios de internos, pero las investigaciones no han
demostrado que éstos provoquen retrasos en el rendimiento académico o
social de los alumnos sordos. Otros estudios, por el contrario, sugieren
que la educación en colegios para internos puede resultar más eficaz
para algunos alumnos. Por ejemplo, Braden, Maller y Paquin (1993) informan
que el CI de niños con trastornos de la audición educados en colegios de
internos aumentó a lo largo de los 3 o 4 años que vivieron en el centro,
pero que las puntuaciones de CI de niños de similares características
integrados en colegios ordinarios no se comportaron así. "Los resultados de este estudio desmienten claramente la
creencia de que la escolarización en colegios segregados para internos
inhibe invariablemente el desarrollo de las capacidades cognitivas. Debe
abandonarse la suposición de que los niños con déficits auditivos se
benefician con la integración en aulas ordinarias hasta que se disponga
de información adicional sobre sus efectos en el desarrollo cognitivo,
social y educativo de estos alumnos." En un estudio sobre los
efectos de la integración en aulas ordinarias en el rendimiento académico
de alumnos sordos de secundaria, Kluwin (1993) informó que aunque los
alumnos integrados en aulas ordinarias según su contenido académico
lograron mejores evaluaciones que los que pasaban toda la jornada escolar
o la mayor parte de ella en aulas separadas, el motivo de las diferencias
entre ellos pudo deberse a la programación del currículo y a la selección
de los alumnos y no al entorno mismo donde se llevó a cabo el programa de
instrucción. Al discutir estos resultados, Kluwin escribe: "La conclusión a que podemos llegar es que para algunos alumnos
sordos la integración en aulas ordinarias es una buena opción educativa,
(en especial los que
tienen déficits auditivos leves como hipoacusia leve o ligera) pero
para otros son más apropiadas las aulas especiales (...) En último término,
no podemos condenar ni apoyar ninguna modalidad educativa de integración
de los alumnos sordos, porque existen múltiples factores que forman un
complejo entramado de relaciones mutuas. De hecho, debemos regresar a las
bases mismas de la educación especial, esto es, a la consideración
individual de cada alumno y de su situación concreta." Por tanto, la decisión de
integración o segregación debe ser tomada anualmente por el grupo de
especialistas, familiares, educadores y el alumno en sí (en caso de que
este se encuentre en capacidad) que componen el grupo de planeación de
PDI (Programa de Desarrollo Individualizado) y en base a este alumno en
específico tomar la decisión de cuál sería el ambiente menos
restrictivo para este que le permita su máximo desarrollo cognitivo,
social, físico y moral. LOS INTÉRPRETES EDUCATIVOS La profesión de interprete-
esto es, traducir mediante signos el discurso de un profesor u orador para
una persona sorda- tuvo su origen en 1964, con la creación de una
organización profesional llamada Registry of Interpreters for the Deaf
(RID). Muchos países desarrollados tienen programas de entrenamiento
de intérpretes, que deben aprobar exámenes para recibir el certificado
del RID. Al principio, esta institución estaba compuesta por intérpretes
independientes, que trabajaban sobre todo con adultos en procesos
judiciales o diagnósticos médicos. El papel del interprete
educativo (también llamado traductor) ha permitido a muchos
estudiantes con trastornos de la audición seguir una carrera
universitaria. También ha aumentado su intervención en los cursos básicos
y secundarios en algunos países. Su trabajo puede variar de un colegio a
otro, pero generalmente desempeñan tareas como la tutorización, la
colaboración con los profesores especiales, la confección de historiales
y la supervisión de alumnos con trastornos auditivos. LA EDUCACIÓN SUPERIOR Existen cada día una mayor
cantidad de oportunidades educativas para alumnos con trastornos de la
audición que terminan secundaria. Uno de los centros más antiguos y
conocidos es la Universidad de Gallaudet de Washington, en Estados Unidos,
donde se imparte una amplia variedad de cursos universitarios y de
postgrado en artes, ciencias, educación, comercio y otros campos;
estudiantes provenientes de los Estados Unidos, Canadá y de muchos otros
países se disputan las plazas. En Gallaudet las clases se
imparten simultáneamente a través del lenguaje oral y del lenguaje de
signos (ASL). EL National Technical Institute for the Deaf (NTID), de
Rochester, Nueva York, ofrece amplios programas sobre tecnología,
capacitación laboral y ciencias empresariales como informática, gestión
hotelera, fotografía y tecnología médica. Tanto Gallaudet como el NTID
se financian con fondos nacionales estadounidenses, y cada una tiene
aproximadamente 1,500 estudiantes con trastornos de la audición. Más de 150 instituciones de
educación superior alrededor del mundo han desarrollado programas
especiales con servicios de apoyo para alumnos con deficiencias auditivas.
En nuestro país contamos con el apoyo de algunas instituciones de educación
pero se carece de una universidad que ofrezca posibilidad de matriculación
a alumnos con sordera. El porcentaje de alumnos con
trastornos auditivos que asisten a programas educativos universitarios
mundialmente ha aumentado mucho durante los últimos 20 años. Alrededor
del 40% de los alumnos con trastornos de la audición pasa a la
universidad (Connor, 1986), y el número de peticiones para cursar
estudios universitarios ha aumentado más en carreras relacionadas con las
ciencias empresariales y la función pública (Rawlings y King, 1986). Se
espera que el aumento de los programas terciarios incremente las
oportunidades profesionales y de entrenamiento laboral de los adultos
sordos. CONCLUSIÓN Mundialmente cada vez hay más
niños con trastornos de la audición que se educan en escuelas públicas
ordinarias. En nuestro país ya se contempla en las nuevas regulaciones la
integración de los niños con discapacidades en las aulas ordinarias y se
trabajan varios colegios a manera de plan piloto. Esto implica que la
educación con los métodos orales seguirán teniendo una gran
importancia. Después de todo, el habla es la forma de comunicación más
empleada entre los profesores y los alumnos de las aulas ordinarias. Pero
también es probable que la comunicación manual, y especialmente el ASL,
sean más conocidos para el público en general. En algunas escuelas
estadounidenses ya se enseña el lenguaje de signos a los alumnos oyentes,
y hay una cantidad de personas cuyos empleos les ponen en contacto directo
con el público –como policías, bomberos, azafatas de vuelo y empleados
hoteleros y de banca- que aprenden a comunicarse manualmente con personas
con déficits auditivos. Se están haciendo cada vez más frecuentes los
programas de televisión, las películas y los conciertos y otros espectáculos
que incluyen intérpretes o imágenes impresas, y no es inusual ver a un
intérprete del lenguaje de signos junto a un orador o un artista. A pesar de la expansión
reciente de los programas terciarios de educación y entrenamiento, muchos
adultos con trastornos de la audición encuentran limitaciones y barreras
para progresar o tan sólo ingresar en un trabajo. El papel esencial que desempeña
el ASL en la cultura de los sordos, junto con el reconocimiento de que es
la lengua principal de los niños sordos, aumentará probablemente la
intensidad del viejo debate sobre cómo debe enseñarse a hablar a los niños
con déficits auditivos. Los adelantos tecnológicos
ya están produciendo cambios importantes en la vida de muchas personas
sordas. Además de las avanzadas técnicas que se utilizan en la
actualidad para detectar pérdidas auditivas y para aprovechar los restos
auditivos, existe una serie de aparatos conocidos como ayudas para la
producción del habla que consiguen que las personas sordas mejoren su
expresión oral. Los implantes de cóclea han logrado que incluso personas
con deficiencias auditivas sensorioneurales profundas aprovechen sus
restos auditivos. Las computadoras portátiles
(laptops), el Internet y sistemas de agendas con correo electrónico portátiles
(Palm) se aplican cada vez más en la educación académica de los alumnos
con problemas auditivos. Por ejemplo ya está en uso en Estados Unidos un
programa de computadora que utiliza imágenes y representaciones de los
signos del ASL para mejorar las capacidades de lectura y escritura de los
niños sordos. Todos estos avances han
ayudado a un desarrollo de la comunidad sorda mundialmente, pero en países
como el nuestro donde nos faltan fondos para las aulas ordinarias, la
ayuda de este tipo de tecnología está distante. Los sordos tienen todo
el derecho a una educación completa y a formar parte activa de nuestra
comunidad pero ante nada a tener una vida digna. Aun faltan muchos pasos
para lograr esta meta, y muchas personas trabajan para ella, pero lo
principal en lo que todos podemos contribuir es en concientizar a los demás
para la aceptación y comprensión de los sordos. BIBLIOGRAFÍA Bathsaw,
Mark L., M.D. Children with Disabilities. Cuarta edición,
Paul H. Brooks Publishing Co., Baltimore, 1998.
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