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HIPOACUSICOS
Y AMBLIOPES

Especiales ... como todo niño

A los chicos ciegos y sordos los divierten las mismas cosas que
al resto. Compositores y deportistas.

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Guadalupe se pasó todo el sábado arriba de su bicicleta.
Marianelli, su compañera de banco que también tiene 8, anduvo de
shopping: se fue de compras con su papá, su mamá y su hermano.
Ella cumplió años el pasado 23 de mayo y dio una fiesta a la que
asistió Juan, de 10 años, que dicho sea de paso anda de fiesta
en fiesta: el sábado estuvo festejando otro cumpleaños, el de
Franco, quien cumplió 6 años. "Comí un montón",
comenta con su característica sonrisa pícara.
Todos tienen mucho en común. Para empezar van a la misma escuela
y disfrutan de su infancia como cualquier niño. Un dato más:
todos son hipoacúsicos.
Modelos y deportistas
Los chicos con problemas severos de audición, así como los amblíopes
(con problemas de visión), la pasan bien con las mismas cosas que
el resto de los niños de su edad y se esfuerzan por llevar una
vida idéntica a la de los otros. Tal vez por eso sean especiales.
Raúl tiene 8 años y asiste al Instituto Oral Tucumán. Hace
instantes estuvo comentando que el fin de semana se fue "al
campo en el camión de mi papá". Pero cuando llega LA GACETA
prefiere no hablar y, en cambio, posa animadamente para el fotógrafo.
María Laura cuenta que esta semana todo el curso va al circo y
entonces todo el mundo cuenta que quiere ver elefantes,
trapecistas, leones y payasos. Fundamentalmente payasos.
Víctor genera otro alboroto: a la hora de contar con qué se
divierte, asegura sin titubear que es un fanático de Dragon Ball
Z. Entonces unas hablan de las Sailor Moon y Chiquititas, mientras
otros elogian a El Chavo.
Pasión de multitudes
José Luis (15) es, primero que nada, hincha de Boca Juniors y de
San Martín. De hecho, es un apasionado futbolista y juega, también,
básquet y tenis en el complejo Belgrano. El sábado a la noche lo
pasó con su novia.
Cristian Moreno viaja diariamente desde Concepción para asistir a
clase. Se dedica al motocross: en la última carrera, en Las
Talitas, salió cuarto. Según él, tiene novia. Según sus
maestras, más de una. Otro de los atletas del IOT es Franco, de
14 años, que le dedica dos horas diarias al gimnasio. El que
estuvo ausente fue otro Cristian, que el martes cumplió años:
avisó con antelación que no iría a clases al otro día porque
se iba a bailar para festejar su cumpleaños.
Rótulos
Gabriela Lucero está sentada en una de las cabeceras de la mesa
rectangular del séptimo grado de la Escuela Luis Braille. Se
alegra mucho de que la entrevista sea justo en la hora de matemáticas.
Con sus 16 años, asegura que no tiene mucho tiempo libre.
"Pero trato de estar lo que más pueda con mis amigos".
Félix Paz, de 24 años, está a punto de recibirse como profesor
de educación especial. También en amblíope. Y considera que la
sociedad ha mejorado sensiblemente en materia de incorporar a
personas como él. "De todos modos, aún hay sectores que
discriminan", apunta, y admite que "incorporarse a las
escuelas secundarias ahora tiene menos dificultades que antes. No
es fácil, pero es mejor".
Félix rechaza la palabra discapacitado. "Prefiero hablar de
gente con necesidades especiales, pero no deja de molestarme la
manía de esta sociedad de ponerle rótulo a todo, a las cosas y a
la gente".
Cortes y quebradas
Ramón Antonio Montenegro (17) se interesa mucho por la informática.
Pero confiesa que es un músico de alma. Adora el tango y el
folclore y tiene como ídolos a los Tucu Tucu. "Pero cuando
escribo canciones, lo hago con el estilo de la música romántica
latina", aclara.
Angélica Romano (13) es una melómana. "Escucho todo tipo de
música", asegura sin titubeos. Por las tardes suele ir a
estudiar al comedor infantil Don Bosco. Su hermano, Juan Carlos,
es un futbolista de pura cepa. "El sábado tuvimos un partido
y anoté un gol de cabeza", revela, al tiempo que comenta que
también perdió sus anteojos. "Pero -subraya-, fue un
verdadero golazo".

La integración en escuelas comunes

Cada vez más escuelas integran a chicos con discapacidades en
Buenos Aires. Se las llama escuelas "inclusivas". En la
primaria apuntan al máximo desarrollo que cada chico pueda
alcanzar, mientras que la meta para el secundario es que consigan
un trabajo.
1.200 chicos y jóvenes porteños con discapacidades físicas y
mentales concurren actualmente a 264 escuelas públicas comunes
entre jardines de infantes y los niveles primario y medio.
Según la legislación vigente, todos los colegios oficiales de la
Capital Federal deberían estar en condiciones de integrar a los
chicos especiales. Y aunque la tendencia de las "escuelas
inclusivas" no es nueva (los primeros casos se dieron hace 30
años con chicos ciegos), nunca como ahora tuvo tanto impacto y
crecimiento.
Casi todos los nenes con necesidades especiales -que fueron bien
atendidos desde bebés- están en condiciones de integrarse desde
muy temprano. Pero:
* Prácticamente no hay chicos en jardines especiales.
* En la primaria, esta adaptación empieza a ser más difícil.
* En la secundaria, la mayoría de los que lo logran, son
adolescentes sordos, ciegos o con problemas motores.
* A esta etapa, generalmente, no llegan los que tienen
retrasos o dificultades mentales.
La Asamblea de las Naciones Unidas consideró 1981 como el Año
Internacional del Discapacitado. En ese debate mundial se concluyó
que era posible otro tipo de integración. El primer gran paso en
la legislación fue el Plan Nacional de Integración de 1987. Seis
años después se sancionó la Ley Federal de Educación.
Esto determina si un chico puede integrarse a una escuela común
no es sólo el diagnóstico médico, sino cómo puede incluirse
ese alumno y cuáles son sus posibilidades de aprendizaje. Y tiene
que haber una escuela dispuesta a darle un espacio para aprender.
En muchos casos, por el contrario, la mejor elección es que vaya
a una escuela especial. Un mismo chico quizá fracasa en una
institución y anda muy bien en otra.
A las 49 escuelas especiales de la Capital -desde jardín maternal
hasta el pos-primario o de formación laboral- llegan 5.000 chicos
con distintas dificultades: síndrome de Down, parálisis
cerebral, retardos mentales.
En las que capacitan para el trabajo, muchos jóvenes participan
de pasantías educativas y laborales. Los especialistas consideran
que si los chicos no logran interactuar con la sociedad, el
proceso perdió todo su sentido.

Algunos ya son egresados de la Universidad

"Los chicos integrados a escuelas comunes se sienten muy
contenidos en esos ambientes y nunca hemos tenido problemas".
La opinión es de Alejandra García Sarmiento de Molina (foto),
directora del Instituto Oral Tucumán (OIT), que tiene 42 alumnos.
"Nuestro instituto sólo trabaja con sordos o hipoacúsicos
puros. Nuestra orientación, como el propio nombre lo indica, es
esencialmente oralista. No trabajamos con lenguaje de señas, lo
que, por supuesto, no significa que ese sistema no sea conveniente
-advierte-. Al contrario, muchos chicos, luego de egresar de
nuestro instituto, aprenden ese lenguaje. Pero creemos que es
fundamental que los chicos se oralicen -indica-. Además, en la
escuela o en la facultad no siempre van a tener un
traductor".
El IOT funciona como una escuela primaria, con programas
especiales, y cumpliendo las pautas de los contenidos curriculares
básicos comunes (CBC).
"Con los chicos se debe trabajar desde el primer mes de vida,
pero usualmente la hipoacusia se detecta sólo a partir del primer
año de vida -apunta-. Los chicos nos llegan cuando tienen 3 o 4 años,
y otros cuanto tienen entre 10 a 11 años", revela la
profesional en Educación Especial.
"Una vez que han terminado el séptimo grado se los integra a
la escuela pública. Pero hay chicos que se incorporan en el mismo
primario y hacen apoyo en el IOT", consigna.
"Por ejemplo -continúa- tenemos niños en 1º, en 3º y en 4º
grado, y en el secundario hay chicos en todos los niveles. Hay una
chica en 3er año de la carrera de análisis en sistemas de la
Facultad Regional Tucumán de la Universidad Tecnológica Nacional
y ya tenemos un egresado que se recibió de ingeniero hace 4 años
-agrega-. Hay dos chicos estudiando Ciencias Económicas y otros
que, por haber llegado muy grandes, fueron incorporados a escuelas
de oficio -detalla- y ahora son carpinteros".


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