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Evolución de la Formación de Intérpretes de LSA
Prof. Liliana Mora
14 de febrero de 2002

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Sabemos que la LSA ocupa hoy, en la Sociedad Argentina, un lugar de privilegio que no tenía hace 20 años.
Sin embargo, para la Comunidad Sorda, la LSA siempre ocupó un lugar de privilegio, ya que es la lengua que les permite comunicarse, establecer relaciones entre sus integrantes, transmitir pautas culturales e identificarse como miembros de una comunidad minoritaria.
Dado que las personas sordas viven inmersas en una sociedad parlante fueron y son muchas las oportunidades en que requieren la actuación de un intérprete de LSA. Pero, si bien la figura del intérprete de Lengua de Señas siempre existió, recién hoy estamos en condiciones de ofrecer una formación que revaloriza esta función porque la reconoce mediante un Título Terciario Oficial que la jerarquiza.
La interpretación en Lengua de Señas en nuestro país ha transitado por varias etapas, seguramente como consecuencia del proceso de cambio generado desde diferentes áreas: la científica, a partir de las investigaciones de la LSA; la educativa, mediante la incorporación de ésta en el aula; la social, revalorizando esta lengua a partir de la toma de conciencia en el respeto por las minorías; la legal, con la aparición de leyes que propician el reconocimiento de la Lengua de Señas Argentina, la educación bilingüe y la provisión de intérpretes en los diferentes ámbitos y la paulatina toma de conciencia de la comunidad sorda argentina de su legítimo derecho a defender de lengua natural.
Sin duda, estas variables, que evolucionaron a través del tiempo, provocaron el avance en el camino de la formación y función del intérprete de Lengua de Señas.
En una primera etapa, quienes oficiaban de intérpretes eran los familiares, amigos o personas cercanas a la comunidad sorda, como por ejemplo los preceptores de las escuelas, que por el contacto diario que tenían con los sordos poseían un cierto conocimiento de la Lengua de Señas que les permitía comunicarse, pero sin tener ningún tipo de capacitación para desempeñar esta labor.
A partir de los años 70, comienza en el país un movimiento que hizo cuestionar la educación oralista impartida hasta el momento en las escuelas. Esto se produce a partir de la visita de una docente de los Estados Unidos a la Argentina, invitada por los sordos que habían viajado por el mundo, observando cambios y diferencias en los sistemas educativos de otros países. A partir de este momento y hasta fines de esta década fue una etapa de gran discusión metodológica, de confrontaciones ideológicas, de lectura de material bibliográfico que llegaba de EE.UU. y Francia, y de reuniones entre sordos líderes y docentes de las escuelas que propiciaban un cambio metodológico pero que a ciencia cierta no se sabía muy bien cómo hacerlo.
Una segunda etapa comienza a partir del 80, donde se amplía el horizonte con el aporte de diferentes disciplinas como la lingüística y la psicología que desde el conocimiento científico ayudaron a desarrollar el fundamento teórico consolidando así el marco ideológico y filosófico de aquellos que en un comienzo sólo teníamos la experiencia empírica y el deseo de llevar a la práctica una nueva historia educativa.
De este modo, en el año 87 logramos publicar los primeros libros de Lengua de Señas del país, surgiendo, junto con la aparición de este material bibliográfico, los Cursos de Lengua de Señas orientados específicamente a docentes y personal de las escuelas para Sordos y a estudiantes de la Carrera de Educación Especial, motivados por la necesidad de comunicarse en el ámbito laboral en forma efectiva. Las investigaciones de la Lengua de Señas se fueron ampliando, en la medida en que iban apareciendo más libros de vocabulario de la Lengua de Señas y también artículos publicados en periódicos de la especialidad y ponencias en jornadas, congresos y conferencias; de este modo la sociedad oyente fue acercándose a capacitarse en Lengua de Señas cada vez más. Algunos por novedad e interés, otros por curiosidad, otros por necesidad. Los adultos sordos, usuarios de la Lengua de Señas Argentina, empezaron a actuar como instructores en los Cursos que se dictaban y además fue imprescindible modificar los planes de estudio, incorporando nuevos significantes gestuales, conocimientos sobre la gramática de la LSA y técnicas de interpretación, motivados por la demanda que comenzó desde que la comunidad sorda requiere cada vez más intérpretes en diferentes ámbitos de participación que antes les estaban vedados. Los intérpretes, que egresaban de los cursos, poseían un conocimiento específico de la LSA, pero carecían de un marco teórico-práctico que completara su formación profesional, como el de los intérpretes del resto de los idiomas.
Durante un lapso de 10 años en la Formación de Intérpretes de Lengua de Señas, los títulos que se otorgaban no eran oficiales, un primer avance luego de mucho peregrinar lo logramos en el año 95, cuando la dirección de Educación de Gestión Privada nos otorga el reconocimiento a los Cursos como de Perfeccionamiento Docente pertenecientes a la Educación No Formal.
La necesidad de cobertura de cargos de intérpretes en el ámbito de las Escuelas Secundarias dependientes del Gobierno de la Ciudad de Bs.As. hizo que en el año 1997 presentáramos a la DGEP el proyecto de la Carrera Terciaria de Formación de Intérpretes que con Títulos Oficiales fue aprobada para iniciarla en el año 2000 y con la incorporación del Instituto a la Enseñanza Oficial. Esto hizo que este largo y arduo camino tuviera finalmente una satisfacción: la comunidad sorda puede contar ahora con intérpretes profesionales con una capacitación de exigencia y alto nivel para crear, incrementar y enriquecer las posibilidades educativas, sociales, culturales, de esparcimiento y laborales, y respetar el derecho de las personas sordas.
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