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Sabemos
que la LSA ocupa hoy, en la Sociedad Argentina, un lugar
de privilegio que no tenía hace 20 años.
Sin embargo, para la Comunidad Sorda, la LSA siempre ocupó
un lugar de privilegio, ya que es la lengua que les
permite comunicarse, establecer relaciones entre sus
integrantes, transmitir pautas culturales e identificarse
como miembros de una comunidad minoritaria.
Dado que las personas sordas viven inmersas en una
sociedad parlante fueron y son muchas las oportunidades en
que requieren la actuación de un intérprete de LSA.
Pero, si bien la figura del intérprete de Lengua de Señas
siempre existió, recién hoy estamos en condiciones de
ofrecer una formación que revaloriza esta función porque
la reconoce mediante un Título Terciario Oficial que la
jerarquiza.
La interpretación en Lengua de Señas en nuestro país ha
transitado por varias etapas, seguramente como
consecuencia del proceso de cambio generado desde
diferentes áreas: la científica, a partir de las
investigaciones de la LSA; la educativa, mediante la
incorporación de ésta en el aula; la social,
revalorizando esta lengua a partir de la toma de
conciencia en el respeto por las minorías; la legal, con
la aparición de leyes que propician el reconocimiento de
la Lengua de Señas Argentina, la educación bilingüe y
la provisión de intérpretes en los diferentes ámbitos y
la paulatina toma de conciencia de la comunidad sorda
argentina de su legítimo derecho a defender de lengua
natural.
Sin
duda, estas variables, que evolucionaron a través del
tiempo, provocaron el avance en el camino de la formación
y función del intérprete de Lengua de Señas.
En una primera etapa, quienes oficiaban de intérpretes
eran los familiares, amigos o personas cercanas a la
comunidad sorda, como por ejemplo los preceptores de las
escuelas, que por el contacto diario que tenían con los
sordos poseían un cierto conocimiento de la Lengua de Señas
que les permitía comunicarse, pero sin tener ningún tipo
de capacitación para desempeñar esta labor.
A partir de los años 70, comienza en el país un
movimiento que hizo cuestionar la educación oralista
impartida hasta el momento en las escuelas. Esto se
produce a partir de la visita de una docente de los
Estados Unidos a la Argentina, invitada por los sordos que
habían viajado por el mundo, observando cambios y
diferencias en los sistemas educativos de otros países. A
partir de este momento y hasta fines de esta década fue
una etapa de gran discusión metodológica, de
confrontaciones ideológicas, de lectura de material
bibliográfico que llegaba de EE.UU. y Francia, y de
reuniones entre sordos líderes y docentes de las escuelas
que propiciaban un cambio metodológico pero que a ciencia
cierta no se sabía muy bien cómo hacerlo.
Una segunda etapa comienza a partir del 80, donde se amplía
el horizonte con el aporte de diferentes disciplinas como
la lingüística y la psicología que desde el
conocimiento científico ayudaron a desarrollar el
fundamento teórico consolidando así el marco ideológico
y filosófico de aquellos que en un comienzo sólo teníamos
la experiencia empírica y el deseo de llevar a la práctica
una nueva historia educativa.
De este modo, en el año 87 logramos publicar los primeros
libros de Lengua de Señas del país, surgiendo, junto con
la aparición de este material bibliográfico, los Cursos
de Lengua de Señas orientados específicamente a docentes
y personal de las escuelas para Sordos y a estudiantes de
la Carrera de Educación Especial, motivados por la
necesidad de comunicarse en el ámbito laboral en forma
efectiva. Las investigaciones de la Lengua de Señas se
fueron ampliando, en la medida en que iban apareciendo más
libros de vocabulario de la Lengua de Señas y también
artículos publicados en periódicos de la especialidad y
ponencias en jornadas, congresos y conferencias; de este
modo la sociedad oyente fue acercándose a capacitarse en
Lengua de Señas cada vez más. Algunos por novedad e
interés, otros por curiosidad, otros por necesidad. Los
adultos sordos, usuarios de la Lengua de Señas Argentina,
empezaron a actuar como instructores en los Cursos que se
dictaban y además fue imprescindible modificar los planes
de estudio, incorporando nuevos significantes gestuales,
conocimientos sobre la gramática de la LSA y técnicas de
interpretación, motivados por la demanda que comenzó
desde que la comunidad sorda requiere cada vez más intérpretes
en diferentes ámbitos de participación que antes les
estaban vedados. Los intérpretes, que egresaban de los
cursos, poseían un conocimiento específico de la LSA,
pero carecían de un marco teórico-práctico que
completara su formación profesional, como el de los intérpretes
del resto de los idiomas.
Durante un lapso de 10 años en la Formación de Intérpretes
de Lengua de Señas, los títulos que se otorgaban no eran
oficiales, un primer avance luego de mucho peregrinar lo
logramos en el año 95, cuando la dirección de Educación
de Gestión Privada nos otorga el reconocimiento a los
Cursos como de Perfeccionamiento Docente pertenecientes a
la Educación No Formal.
La necesidad de cobertura de cargos de intérpretes en el
ámbito de las Escuelas Secundarias dependientes del
Gobierno de la Ciudad de Bs.As. hizo que en el año 1997
presentáramos a la DGEP el proyecto de la Carrera
Terciaria de Formación de Intérpretes que con Títulos
Oficiales fue aprobada para iniciarla en el año 2000 y
con la incorporación del Instituto a la Enseñanza
Oficial. Esto hizo que este largo y arduo camino tuviera
finalmente una satisfacción: la comunidad sorda puede
contar ahora con intérpretes profesionales con una
capacitación de exigencia y alto nivel para crear,
incrementar y enriquecer las posibilidades educativas,
sociales, culturales, de esparcimiento y laborales, y
respetar el derecho de las personas sordas.
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