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La
interpretación no es un proceso mecánico por medio del cual las palabras
de un idioma se transforman sencillamente en palabras de otra lengua.
Pensar que la interpretación es una operación de equivalencia de uno a
uno es también presuponer que es posible compatibilizar los niveles
morfológicos, sintácticos, semánticos y pragmáticos de dos lenguas
diferentes ligadas a culturas diferentes. Y sabemos que esto es prácticamente
imposible.
Por el contrario, la interpretación es un proceso sumamente complejo que,
como sostiene Ducrot, consiste en la comprensión del sentido producido
por un enunciado de la lengua fuente, su conceptualización y su posterior
transmisión utilizando los medios de la lengua meta. Por lo tanto, la
interpretación requiere:
· De habilidades linguísticas.
· Del conocimiento de las características socio-culturales de las
comunidades destinatarias del
trabajo de interpretación.
· Del dominio del perfil profesional.
· Y del conocimiento de un código ético que regule el accionar del intérprete.
Con respecto a las Habilidades Linguísticas: el intérprete debe alcanzar
una alta competencia en todos los niveles de las dos lenguas que
intervienen en el proceso de la interpretación; en este caso particular,
un amplio dominio tanto de la Lengua de Señas como del español.
Aprender UN significado, de UNA seña en UN contexto determinado no
implica saber esa seña, sino que es necesario aprender cada significante
gestual en sus diferentes contextos de uso y la amplitud de su campo semántico
con las correspondientes significaciones que transmite. Por supuesto: ésto
es válido también para el español.
Por otra parte, el dominio de una lengua no se limita al conocimiento del
léxico sino que es necesario saber las reglas de organización morfo-sintácticas
que rigen la construcción de emisiones gramaticalmente correctas en ambas
lenguas, con todas sus connotaciones semánticas y sus implicaciones pragmáticas.
Ahora bien, si un intérprete tiene como primera lengua el idioma español,
¿Por qué debe cursarla como materia? Porque precisamente es la lengua
que adquirió en forma asistemática, espontánea y sin esfuerzo
consciente. Sin embargo, la interpretación requiere de un trabajo de
reflexión sobre la propia lengua que facilite y asegure la comprensión
de los enunciados para la posterior traducción a la lengua del
destinatario.
Lo mismo sucede con aquellas personas oyentes que por algún motivo han
adquirido la LSA en edades tempranas, éstas también deben transitar por
la etapa de reflexión sobre la lengua de señas que permita hacer
consciente y más operativo dicho conocimiento.
El conocimiento de las Características Socio-Culturales de las
Comunidades destinatarias de la labor del intérprete son determinantes en
el acto de interpretar.
A modo de ejemplo: diferentes grupos de personas sordas pueden utilizar
distintos niveles de LSA, incluso diferencias en el léxico, o un mismo
grupo de personas sordas puede desenvolverse en distintos ámbitos y
situaciones con diferentes registros de LSA. Por lo tanto, el intérprete
debe ser capaz de expresar en la traducción al español los diferentes
niveles y registros de la LSA. De la misma manera, en la intrepretación
del español a la Lengua de Señas debe expresar en el signado las
diferentes modalidades del uso de la lengua hablada y/o escrita.
Está comprobado que el nivel cultural y el conocimiento específico en un
área determinada por parte del intérprete facilita la tarea de
interpretación. Por lo general, la ciencia esgrime palabras nuevas para
hacer referencia a los conceptos que elabora o redefine aquellos términos
de uso cotidiano que tienen determinada funcionalidad teórica. La
especialización del intérprete en un área del conocimiento favorece la
comprensión, facilita la traducción y garantiza mayor fidelidad en la
transmisión del mensaje.
Cuando hablamos del Perfil Profesional nos referimos básicamente a
cuestiones relacionadas con aspectos laborales: la postura, la ubicación
en el espacio físico, el control del audio y la iluminación, entre
muchos otros aspectos. También hacemos referencia a cuestiones
relacionadas con la presentación personal, como por ejemplo: la
vestimenta, el peinado, los accesorios, y todos aquellos detalles que
hacen a la imágen del intérprete.
Estas cuestiones que hemos mencionado, si bien no son determinantes en el
trabajo de interpretación en sí, permiten evitar complicaciones que
pueden perjudicarlo. Por ejemplo: es importante tener en cuenta que la
ropa clara, con inscripciones o estampada dificulta la percepción de las
configuraciones manuales, mientras que la ropa oscura y lisa, la facilita.
Por otro lado, el saber previamente la ubicación e intensidad de la luces
durante una conferencia permite decidir la ubicación más adecuada del
intérprete para evitar la proyección de sombras.
Y para finalizar, la formación no sería completa si el intérprete no
contara con un Código de Etica Profesional que regule su accionar.
El Código de Etica se basa en tres principios fundamentales: la
confidencialidad, la neutralidad y la fidelidad al mensaje.
La confidencialidad obliga al intérprete a mantener en absoluto secreto
la información que obtiene como consecuencia de su labor.
La neutralidad asegura la imparcialidad en la transmisión del mensaje. El
intérprete no debe aconsejar, ni emitir su opinión personal, ni expresar
juicios de valor con respecto al contenido del mensaje ni sobre el emisor
del mismo.
Y por último, el intérprete debe transmitir con la mayor exactitud y
fidelidad el mensaje de una lengua a otra sin reducirlo ni cualitativa ni
cuantitativamente.
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