Vivencias de un padre de un niño hipoacúsico
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  Gracias por estar !
  Hola, me llamo Ernest y no puedo resistir enviar este mail.

  Soy padre de Ausiàs, tiene ahora cuatro años y es hipoacúsico, todavía se desconoce en qué
  grado pero menuda historia hemos pasado el chaval mi mujer y yo.

  Ausiàs dijo "papá" cuando tenía poco más de un año, y al poco "mamá" y muchas otras
  cosas, como cualquier niño de su edad. Enfermó a los dos años una neumonía vírica en el
  pulmón izquierdo y luego un resfriado, Ausiàs ya no dijo nada nuevo, parecía que se había
  quedado atascado, el problema fue que Ausiàs es un niño listo y se hacía entender, no nos
  dimos cuenta de que no oía hasta pasados unos meses cuando estando en la plaza del pueblo
  no oyó las 9 campanadas, se enfadaba cuando no podía mirarnos al hablarle, se asustaba de
  los petardos, de las pequeñas taladradoras de bricolaje, cualquier sonido un poco fuerte lo
  ponía a llorar asustadísimo.

  El médico decía que estaba bien que era un niño despistado simplemente, el otorrino tampoco
  hizo demasiado caso hasta que una carta del colegio le obligó a tomar más interés.

  Tras las pruebas de potenciales evocados Ausiás era sordo en un 80% en ambos oídos, un
  otorrino de paga nos propuso un implante coclear, yo me quería morir. Por mi cuenta y con el 
  dinero por delante le hicimos otros potenciales, la onda V estaba en 60dB, eso ya era otra
  cosa, se observó que tenía problemas de transmisión (más dinero), tenia el oído medio lleno
  de mocos espesos pero parecía que el resto estaba bien. En la Seguridad Social me daban
  tres meses de plazo para operar a Ausiàs, pero yo ya no podía esperar y Ausiàs menos, así
  que para qué están los prestamos, lo operamos en un hospital privado tres días después de
  ser visitado por el mismo otorrino de la Seguridad Social, adenoides y amígdalas, esto fue
  por Abril.

  Ausiás no mejoró mucho en el sentido acúsico, eso sí se acabaron las fiebres altas y los
  corridos a urgencias, los resfriados y las infecciones de garganta, gracias a Dios. Pero sus
  oídos medios no se vaciaron y el otorrino dijo que era raro pero no obstante posible así que
  por octubre lo volvimos a operar, ésta vez no nos hicieron esperar mucho (gracias Ismael y
  Carlos), le pusieron unos tubitos de silicona en los tímpanos, a las dos horas, cuando estaba
  ya más despejado le llamé desde atrás y SE GIRÓ , fue maravilloso, aunque le llame con voz
  sonora un poco alta como estábamos acostumbrados ha hablarle, pero me oyó.

  Desde luego no empezó ha decir algunas palabras hasta unos meses más tarde y seguía con
  la costumbre de señalar con el dedo lo que quería emitiendo al mismo tiempo un sonido de
  garganta a boca cerrada, ahora ya comienza a sorprendernos incluso con alguna expresión
  que no sé donde las oye, pero la logopeda, la sicóloga, el apoyo en casa, los juegos
  educativos y un sin fin de cosas están presentes día a día para que Ausiàs siga prosperando,
  pero sigue teniendo problemas cuando se resfría, con sus compañeros de clase se le hace
  difícil, y un montón de problemas que de seguro Uds. conocen mucho mejor que nosotros,
  y lo que está por venir.

  Estoy contento de que mi hijo vaya mejorando y estoy seguro de que llegará el día en que
  igualará a sus compañeros de clase, pero solo nosotros sabemos las horas pasadas entre
  cada visita médica entre cada operación, entre cada resultado, la diversidad de opiniones y la 
  presión familiar, porque en estos casos todos saben más que tú, esas horas en casa sin saber
  que le pasa a Ausiàs, sin saber que hay que hacer y viendo a tu hijo en el parque con un
  montón de niños y Ausiàs solo en un rincón; correr detrás de él porque va bajar de la acera
  y no oye el coche que se acerca ni te oye a ti que le estas llamando, y no comprendes nada y
  sientes impotencia cuando le reprimes por algo que ha hecho mal y te mira con esa carita
  de no entender nada. Y cuando te dicen que tu hijo es sordo y te acuerdas de el día que le
  diste dos palmadas en el culo porque no te obedeció y entiendes que no te oyó cuando le
  diste la orden.

  Tengo pena por esos padres que tienen hijos hipoacúsicos graves porque solo ellos saben
  por el infierno que pasan, hasta que encuentran una solución que aunque no siempre es la ideal
  por lo menos tienen la esperanza de que su hijo tenga una vida normal. El próximo mes de 
  diciembre a Ausiàs se le harán unas pruebas para determinar el grado de hipoacúsia o al
  menos en que terreno nos moveremos.

  Sé que es un e-mail largo y quizás pesado, pero no se contar esta historia de una manera
  más corta y para una vez que encuentro algo donde me pueda apoyar no lo voy a dejar pasar.
  No pido nada porque de momento ni sé que pedir ni sé qué me pueden ofrecer, pero no
  duden que en cuanto necesite algo se lo haré saber.

  De corazón, gracias Rosario por tu web.
  No me importa que la lean otras personas quizás así no se sientan solas,
  nosotros lo estuvimos.

  Ernest y Avelina. Valencia, España.

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