| Desempleada durante
los últimos 10 meses, la lingüista ha librado su lucha desde el Senado
de Puerto Rico como investigadora de asuntos legislativos para la Comisión
de Salud y Bienestar Social. También ha sido instructora del Recinto de
Ciencias Médicas, intérprete de sordos y profesora en distintas
universidades y del sistema de educación pública de la isla, entre otros
trabajos relacionados.
Aunque reconoce que ha habido cambios y se
han mejorado los servicios a las personas audioimpedidas, Laguna señala
que la manera en que se fueron desarrollando no tomó en consideración la
lingüística del sordo puertorriqueño. "Las necesidades de esta
población -que incluyen servicio de intérpretes y tecnología-, se
satisfacen en parte. Si no se domina el lenguaje oral, la tecnología no
sirve de nada. Y aparte de las necesidades de terapeutas del habla, audiólogos
y maestros de sordos, aquí hay que empezar de una vez a estructurar cómo
se les va a enseñar a estas personas", dice.
Legislación
deficiente
Los proyectos que se han presentado para
legislación en Puerto Rico van desde una escuela intermedia para sordos,
hasta el proyecto para que se enseñe el lenguaje de señas en las
escuelas elementales. "Creo que es un disparate; la mayoría de los
anteproyectos de ley tienen que ver con el lenguaje de señas, y es
interesante porque se habla de enseñar lenguaje de señas en el sistema público
de Puerto Rico y no de un lenguaje de señas puertorriqueño. Cuando no
hacen esa aclaración es porque desconocen que existe un lenguaje de señas
diferente en cada país, y consideran que todos los sordos del mundo usan
las mismas señas. Aquí no se ha investigado la gramática del lenguaje
de señas de Puerto Rico, y el peligro es que lo poco que ya pueda tener
de puertorriqueño, se vaya a perder", afirmó Laguna.
Por las investigaciones, ha comprendido que
existen tantos lenguajes de señas como comunidades de personas sordas.
"Estos lenguajes tienen una gramática propia que la caracteriza la
ordenación espacial; tienen reglas gramaticales internas que se adquieren
y desarrollan por procesos similares a la del niño oyente al desarrollar
el lenguaje oral".
Oídos
sordos a la realidad
Como los que toman las decisiones son
oyentes sin preparación en lingüística -personas relacionadas al área,
consejería del sordo, sicología del sordo, interpretación del sordo-,
no saben cómo funciona, cuál es la dinámica del lenguaje, por qué se
dan unos fenómenos. "Todo este desconocimiento ha llevado a que las
señas de los sordos puertorriqueños se hayan ido perdiendo".
La maestra en Educación del Sordo, lleva
23 años tratando de que las autoridades abran los oídos a su exposición
que ha hecho clara, a viva voz. Sus disertaciones han pasado ante el
cuerpo legislativo puertorriqueño, han estado plasmadas en misivas a los
diferentes gobernadores, incluyendo una a la actual gobernadora, Sila M.
Calderón, quien muy gentilmente le respondió agradeciéndole su exposición,
y que la tendría presente.
Mientras, ella seguirá enviando su mensaje
hasta por señas, si fuera necesario. "Mi responsabilidad es
fundamentalmente contar con una metodología educativa que los ponga a
competir con el oyente, de tú a tú. Y eso aquí no se ha hecho",
concluye.
Mucho por hacer
En Puerto Rico hay 150,000 sordos, según
el censo de 2000. "Esa cifra se consigue a través del censo general
de la población, que no estratifica por impedimento. Esta estratificación
-cuántos son sordos profundos y otras variables-, es importante para
planificar el tipo de servicio que se les va a dar, a qué pueden aspirar
y cuáles son las alternativas, si las hay", dice la lingüista María
M. Laguna.
Al considerar que Puerto Rico es territorio
de los Estados Unidos, nación que más adelantos tiene y que aun así
sigue luchando por lograr otras cosas, Laguna ve que aquí se ha podido
hacer muchísimo más.
"El problema craso en este país es
que la identificación de esta población está en manos de los médicos.
No son audiólogos, que son los llamados a la identificación de pérdida
auditiva. Ha surgido la controversia en la Legislatura y se ha llevado la
preocupación a las Comisiones de Salud del Senado, de hacer una prueba
auditiva al bebé cuando nace, algo que es ley en varios estados de los
Estados Unidos y que aquí lo ha intentado la Academia de Audiólogos.
Pero eso se traduce en dinero porque hay unos servicios que el hospital
tiene que contratar", dice Laguna.
Lo importante es identificar el problema a
tiempo, preferiblemente dentro de los primeros dos años de vida, y buscar
ayuda, dice la terapeuta del habla Haydée Aurignac, del Instituto Didáctico
del Lenguaje, en Baldrich, calle Pintor Campeche. Por ejemplo, en el
Departamento de Salud hay programas de estimulación temprana.
Aurignac reconoce que, definitivamente, los
servicios han mejorado. "El Departamento de Educación está
comprometido a ofrecer más servicios. El apoyo es vital, una hora
semanal, una o dos veces en semana. Hay casos de niños sordos que nunca
llegan a ser oralistas porque pueden tener otra limitación. Pero el niño
cuya capacidad intelectual está intacta y tiene buena disposición, además
de que se haya trabajado con él desde bien pequeño, hay que darle la
oportunidad de ser oralista y, si es necesario, complementarlo con señas.
Mientras haya la posibilidad de desarrollarlo, no se puede tronchar por
medio de señas porque tan pronto entra en señas, la seña va a sustituir
al lenguaje oral", concluye Aurignac.
María M. Laguna
*Bachillerato en Educación Elemental, con
concentración en impedimentos visuales y auditivos de la Universidad de
Puerto Rico
*Maestría en Educación del Sordo en New York University, y estudios
posgraduados en Lingüística de los Lenguajes de Señas, en Gallaudet
College, única universidad para sordos en el mundo
*Cursos conducentes a una segunda maestría en Lingüística, también en
la UPR
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