UN ANÁLISIS PRELIMINAR DE LAS VARIABLES QUE INTERVIENEN EN EL
        PROYECTO DE EDUCACIÓN BILINGÜE PARA LOS SORDOS


Por el Prof. Carlos Skliar


Carlos Skliar es profesor del Programa de Posgraduación en Educación
Universidad Federal de Rio Grande do Sul, ubicada en la ciudad de Porto Alêgre, al sur de Brasil.
Coordinador del NUPPES.
Artículos y publicaciones :"La Educación de los Sordos: una reconstrucción histórica, cognitiva
y pedagógica
"
Coordinador de los libros "Educación y exclusión: abordajes socio-antropologicos en Educación Especial", "La Sordera: una mirada sobre las diferencias" y del reciente libro en el cual se recogen
los trabajos y experiencias presentados en el V Congreso Latino Americano de Educación Bilingüe
para Sordos que tuvo lugar el pasado mes de abril en Porto Alêgre (Carlos Skliar fue miembro de la Comisión Organizadora y de la Comisión Científica), se trata de "Actualidad de la Educación Bilingüe para Sordos.Volúmenes I y II"

Nucleo de Investigaciones en Políticas Educativas para Sordos, NUPPES.

Universidad Federal de Rio Grande do Sul, Porto Alêgre (Brasil).

1. La educación de los sordos dentro del contexto de la problemática general de
la educación.

En este trabajo quisiera proponer una reflexión acerca del futuro de la educación de
los sordos. Una reflexión de esta naturaleza necesita ser hecha bajo una mirada
estrictamente educativa. Esta aparente redundancia en el uso del término educación,
no significa otra cosa que poner de relieve una necesidad específica y, sobre todo,
impostergable: la de incluir el análisis de los hechos que gobiernan la educación de los
sordos dentro de los procesos educativos generales y no, como se hace habitualmente,
fuera de ellos y cuanto más lejos mejor.

Utilizar la palabra educación para referirse, justamente, a la educación de los sordos,
supone acentuar una realidad innegable: la escuela de sordos -como, tal vez, toda la.

escuela y/o la pedagogía denominada especial- no compartió 1 ni los objetivos, ni los
problemas, ni las discusiones, ni las actualizaciones, ni las prácticas propias de la
educación general.

Para todo estas razones afirmo que no es necesario comenzar el análisis por una
discusión típica acerca de los límites y los alcances de la educación para los sordos, ni
por una revisión sobre las posibles relaciones entre método y población a la que está
dirigido. Ni siquiera es importante trazar una definición acerca de qué significa la
sordera y los sordos. Voy a intentar salir de esas cuestiones, pues se trata de la
educación para los sordos. Se trata, por lo tanto, de la educación.

Y la educación para los sordos es un problema educativo, como lo son también los problemas educativos relacionados con la educación rural, la educación de las clases
populares, los niños de la calle, los indígenas, los inmigrantes, las minorías raciales,
religiosas, las diferencias de género, los adultos, los presos, la tercera edad, los que
están en proceso de alfabetización, los que son analfabetos, etc.

Es cierto que en todos los grupos que menciono existe un conjunto de especificidades
que los diferencia; pero también hay entre ellos un elemento común: se trata de
aquellos grupos que con cierta displicencia cuantitativa tendemos a llamar grupos
minoritarios o, directamente, minorías; minorías que sufren una misma exclusión, o
una exclusión parecida, en los procesos educativos culturalmente significativos.

Y no existió una razón suficiente en el pasado, y no existe razón alguna en la época
actual que nos obligue a mantener artificiosamente una separación de los sordos,
respecto de todos los demás seres humanos, en el discurso y en la práctica educativa.

Esa separación, esa frontera, constituye la primera discriminación dentro de un intrincado conjunto de discriminaciones hacia los sordos: la de impedir que la educación de los
sordos discuta sus quehaceres educativamente; la de tener, como consecuencia, que refugiarse y avergonzarse como si se tratara de un tema menor, inferior, irrelevante, que aborda a sujetos menores, inferiores, irrelevantes. El hecho que la educación de sordos
esté excluída del debate educativo, es la primera y más importante discriminación
sobre la cual, después, se hilvanan sutilmente todas las demás discriminaciones -por ejemplo, las de índole civil, legal, laboral, cultural, etc.-.
La afirmación de que la educación de sordos tiene que estar incluída en el debate
general de la educación, no debe ni puede ser interpretada sencillamente como una
propuesta implícita de integración escolar. Nada más lejos de ello.
Pues no estoy mencionando aquí el simple derecho a la educación que también asiste
los sordos; no es que los sordos tienen que ir, como todos los demás, a la escuela, a la
institución escolar física, material. Estoy afirmando que ese derecho debe ser
analizado, evaluado y planificado conjuntamente con los sordos y a partir del
concepto de una educación plena, significativa, justa y participativa; sin las restricciones impuestas por la beneficencia y la caridad; sin la obsesión curativa de la medicina; evitando toda generalización que pretenda discutir de educación sólo a partir y para los míticos
niños normales; combatiendo el individualismo que practicanlos modelos terapéuticos.

Por lo general la educación de los sordos, así como toda práctica que aborda lasdeficiencias, elude un debate educativo profundo y así induce inevitablemente a las
bajas expectativas pedagógicas; los fracasos escolares, entonces, son fácilmente
atribuidos a las supuestas culpas naturales de los propios deficientes.

De ese modo, formando parte de una educación menor, la educación de sordos se fue
alejando de una discusión educativa significativa. Los sujetos educativos son vistos
como incompletos y, por ende, las preocupaciones educativas se deben transferir hacia
lo correctivo; no habría nada que revisar, salvo los recursos, las ejercitaciones; las
metodologías, entonces, se hacen neutras, acríticas, compasivas con quienes las aplican.

Un ejemplo típico del proceso de distanciamiento entre discurso educativo general y
discursivo educativo especial lo representa la cuestión de las lenguas en la educación
de los sordos. Muchas veces la educación para sordos navega graciosamente por ese problema. Esa gracia se produce por que se trata, claro está, de la lengua de los otros -la
lengua de señas- y no de la propia -la lengua oral-. Pero es un problema importante,
sin dudas; sobre todo para los propios sordos. Y nadie duda si piensa que el primer
mecanismo de transformación que se tiene que producir dentro de las escuelas para
sordos es el lingüístico. Pero cuando ese problema se limita, básicamente, a una
discusión exclusiva entre los oyentes, a un debate por muchos momentos personalista
y narcisista, a una muestra del poderío y/o de la debilidad de los métodos para los
sordos, allí aparece una tosca restricción al progreso de las ideas educativas, allí se
impone un obstáculo al desarrollo pleno de los sordos dentro y fuera de la educación.
¿Pero qué hay por detrás y qué por delante de esa discusión entre oyentes? Por detrás
quedó un tendal de fracasos pedagógicos masivos, patética muestra de la incapacidad
de los oyentes por discutir secuencias, jerarquías y estructuras de objetivos más allá
del acertijo del huevo y la gallina. Por delante queda una preocupación constante,
todavía reflejada en aquellos interrogantes que Gallaudet pronunciara ante un
auditorio indiferente durante el Congreso de Milán de 1880: ¿se debe creer que una
vez resuelto el problema del lenguaje queda resuelto, automáticamente, el problema
de la educación de los sordos?
¿Acaso el lenguaje y la educación son sinónimos?
La nueva propuesta en la educación para los sordos, representada por la así llamada
educación bilingüe
2 , sale de esa limitada cuestión -o al menos lo debería intentar- para
abrir la puerta de la educación; allí, seguramente, será objeto de diferentes
interpretaciones, contradicciones e indecisiones. Pero es allí donde, al fin, se podrá
discutir algún día los problemas comunes que enfrenta la educación en su conjunto:
por ejemplo el modelo que impone y el efecto que producen las políticas neo-liberales
en la educación; la globalización versus la regionalización del conocimiento; la
existencia misma del currículum escolar; la idea explícita e implícita sobre la imágen
del Hombre que la educación pretende alcanzar; la relación entre la educación y el
trabajo; la supuesta intención de que los alumnos recreen y transformen la realidad
que los circunda; la transdisciplinariedad o la verticalidad en las disciplinas
académicas, etc.
Es en ese contexto donde la educación de sordos tiene que situarse y dejar de lado la
apatía y la monotonía de las discusiones mecanicistas de los oyentes sobre el lenguaje,
donde la vida de los sordos quedó atrapada durante siglos.
En los tiempos actuales, la literatura sobre los sordos nos habla de los sordos con
mayúsculas, para diferenciar las perspectivas audiológicas minúsculas de las
perspectivas culturales y socio-antropológicas mayores. Es por esa razón que la
discusión educativa en relación a los sordos debe extremarse hasta alcanzar el análisis
de aquello que, considero, son sus cuatro problemas fundamentales:

La cuestión de la separación entre educación de sordos y educación, esto es, la
persistencia del análisis de los problemas que atañen a la educación de los sordos
desde una perspectiva reduccionista, del tipo: sujeto deficiente/escuela de bajas
expectativas.

La cuestión de los poderes y los saberes de los oyentes, es decir, el conjunto de
conocimientos implícitos y explícitos, de los hábitos y las representaciones, de los
estereotipos y los comportamientos culturales, que sumergen cotidianamente a la
educación de los sordos en una práctica enceguecida por la corrección, la
normalización, el paternalismo y la asimilación.

La cuestión de los poderes y saberes de los sordos: el espacio requerido, discutido y
conquistado por ellos dentro de la escuela para sordos, es decir, los modos ideológicos
y culturales de funcionamiento educativo que los propios sordos conceden, significan y promueven para su educación.

La cuestión de las relaciones entre el poder y el saber de los oyentes y el poder y el saber de los sordos y los diferentes niveles y momentos en que esas relaciones se producen dentro de las escuelas para sordos.

Para analizar estas cuestiones quisiera centrarme en algunos tópicos importantes en
relación al concepto y a la práctica de la educación bilingüe para los sordos.

2. La Educación Bilingüe para los Sordos:¿cuáles parecen ser las
preguntas fundamentales?

La educación bilingüe para sordos, aunque de reciente surgimiento, ya es dueña de
una historia, de una intención concreta, de un recorrido. Se está asistiendo, en cierto
modo, a una revolución; se intuye por la adhesión de la mayoría de las comunidades
de sordos y por una parte significativa de los educadores oyentes; se advierte por la
jerarquía científica de los investigadores que participan del proceso teórico de
transformación educativa; se pone en evidencia por el tipo de críticas que provienen
de antiguos e híbridos planteos metodológicos; se afirma, sobre todo, por el poder
que surge de sus futuras implicancias sociales, lingüísticas y culturales. Y justamente
por haberse desarrollado un proceso histórico, la educación bilingüe encuentra y
genera contradicciones a cada paso y desde un comienzo. Que existan contradicciones
es natural y resulta hasta imprescindible, tratándose de una propuesta educativa,
tratándose de educación.
Y es que no se está asistiendo, simplemente, a un cambio -uno más- de un sistema
metodológico por otro; no se descubrió ya cómo hacer hablar o leer a los sordos; no se
está proponiendo una meta de estricto corte curricular que sea rápida y eficaz. No es
esto lo que le interesa a la educación bilingüe para los sordos; no es allí donde están
sus contradicciones. Quienes no pueden escapar de la necesidad imperiosa de un
método para la educación de sordos, quienes no pueden ver más allá de sus ojos
clínicos, quienes añoran una solución rápida a los supuestos problemas educativos de
los sordos y quienes no resisten la tentación de verlos, algún día, ser como los
oyentes, no encontrarán en la educación bilingüe una tabla de salvación -pues la
educación bilingüe quiere que los sordos sean, en el futuro, simplemente Sordos-.
Quienes, por último, buscan en la educación bilingüe un atajo para sus ansiedades
reeducativas y correctivas, en realidad, no comprenderán ni los fundamentos ni el
destino que encierra esta propuesta educativa.
De frente al intenso debate que gira en torno de la educación para los sordos, me
propongo en este trabajo un objetivo específico: considero que es el momento
adecuado para plantear una revisión crítica del estado actual en el que se encuentra
las propuestas educativas bilingües y centrar el análisis en las dificultades y en las
potencialidades que considero más relevantes.

Mi intención es orientar tal objetivo a la revisión de un conjunto de variables que
parecen estar, al mismo tiempo, posibilitando y/o condicionando la concreción de
una política de educación bilingüe para los sordos.
No es que una revisión así no se haya hecho; se ha hecho, si; con grandes esfuerzos,
en muchas oportunidades; pero, en mi opinión, sólo en forma fragamentaria. Se
realizaron evaluaciones críticas parciales y a veces microscópicas, por ejemplo, sólo
en relación a la situación lingüística particular del aula, o a las capacidades bilingües
de los profesores y/o de los alumnos, o a los mecanismos específicos de enseñanza de
segundas lenguas, o a experiencias didácticas puntuales, o a los contenidos
curriculares específicos, etc. Ese tipo de análisis cumplió y cumple con un papel
fundamental, es significativo para cada uno de los problemas mencionados, pero creo
que no revela ni la complejidad ni la totalidad de los problemas implicados dentro de
la educación para los sordos.

Además, la validez y la eficacia de esos análisis depende, y mucho, de qué es lo que se
entienda por educación bilingüe para sordos; cuál es el modelo pedagógico específico
y cuáles son los criterios y los mecanismos de evaluación utilizados para tal fin.

En esta dirección, comenzaré con la formulación de tres preguntas fundamentales, de
cuya respuesta, creo, depende gran parte de la construcción y la profundización de la
educación bilingüe. En concreto :

¿Qué es la educación bilingüe para los sordos?

¿Existe un modelo de educación bilingüe para los sordos?

¿Cómo evaluar la educación bilingüe para los sordos?

Estas preguntas, de hecho, están latiendo con fuerza dentro de muchas escuelas;
nacen, viven y se deseperan en ellas; son motivo incesante de debate e, incluso, llevan
a cierta inquietud; son interrogantes de cuyo análisis depende el avance en el debate
educativo, a partir de los diferentes planos en que aparecen las respuestas y, sobre
todo, de las consecuencias que esas respuestas generan.

3. ¿Qué es la educación bilingüe para los sordos?


De todas las preguntas posibles quizás sea ésta una de las más difíciles de responder.
Estamos de frente a un concepto muy abarcativo, que incluye cuestiones lingüísticas,
antropológicas, educativas, sociológicas, psicológicas, etc.
En mi opinión, la educación bilingüe es un punto de partida y, tal vez, también un
punto de llegada, que debe buscar una ideología y una arquitectura escolar a su
servicio. La educación bilingüe es un reflejo cristalino de una situación y una
condición socio-lingüística de los propios sordos; un reflejo coherente que tiene que
encontrar sus modelos pedagógicos adecuados. La escuela bilingüe debería encontrar
en ese reflejo el modo de crear y profundizar, en forma masiva, las condiciones de
acceso a la lengua de senas y a la segunda lengua, a la identidad personal y social, a la
información significativa, al mundo del trabajo y a la cultura de los sordos.
Pero sería un error si la educación bilingüe sólo se atuviese a reflejar y reproducir una
determinada situación socio-lingüística y cultural. Por el contrario, en mi opinión, la
educación bilingüe debería:

Crear las condiciones lingüísticas y educativas apropiadas para el desarrollo
bilingüe y bicultural de los sordos.
Generar un cambio de estatus y de valores en el conocimiento y uso de las lenguas
en cuestión.
Promover el uso de la primera lengua, la lengua de señas, en todos los niveles escolares.
Difundir la lengua de señas y la cultura de los sordos más allá de las fronteras de la
escuela.
• Determinar los contenidos y los temas culturales que especifiquen el acceso a la
información por parte de los sordos.
• Promover acciones hacia el acceso de los sordos a la profesionalización laboral.
Definir y dar significado al papel de la segunda lengua en la educación de los
sordos.

Por eso no es lo mismo cuando se habla de una supuesta situación bilingüe que los
sordos viven "inevitablemente", ni del bilingüismo decretado por las leyes, que de los
objetivos que debería tener una educación bilingüe creada y desarrollada dentro de las escuelas para sordos y, sobre todo, con los sordos.
Un buen número de asociaciones de sordos, de profesores oyentes y de grupos de
padres apoyan la idea de la educación bilingüe; pero entiendo que entre esos grupos
existen diferencias notorias -y a veces extremas- sobre qué significaría una propuesta
de educación bilingüe.

Por ejemplo, muchos oyentes están esperando que el bilingüismo siente las bases
materiales y resuelva, por fin, las condiciones de acceso de los sordos a la lengua oral;
otros imploran que el bilingüismo permita a los sordos el conocimiento del currículum
escolar de igual modo y al mismo tiempo que los niños oyentes de la misma edad; y
otros, por último, ya reclaman a los sordos una mayor y mejor competencia en la
lengua escrita.

Una parte significativa de los sordos, en cambio, no parece apoyar esta propuesta en
su sentido más académico, o en la idea de un porcentual y/o un equilibrio obsesivo
entre la lengua oral y la lengua de señas -por ejemplo, lengua oral de mañana y lengua
de señas de tarde- y, muchos menos, si se la entiende y pone en práctica como un
imperativo determinado desde afuera por los oyentes -sobre todo en lo que se refiere a
cuál tiene que ser la modalidad de la segunda lengua, cómo enseñarla y en qué
momento eso debe ocurrir.

Las comunidades de sordos que están reflexionando y debaten sobre este tema,
defienden la propuesta del bilingüismo, en primer lugar, con el objetivo que se les
reconozca el derecho a la adquisición y al uso de la lengua de señas y,
consecuentemente, para que puedan participar en el debate educativo, cultural, legal,
de ciudadanía, etc. de esta época, en igualdad de condiciones y oportunidades, pero
siempre respetando y profundizando su singularidad y especificidad.

4. ¿Existe un modelo de educación bilingüe para la escuela de sordos?

Si por modelo se piensa automáticamente en un método, en una única propuesta
educativa ya madura, a ser transplantada sin dificultades en todas las escuelas para
sordos del mundo, tal modelo no existe. Ninguna práctica educativa es exportable o
importable. En este sentido dice Freire (1992): "Una misma comprensión de la
práctica educativa y una misma metodología de trabajo no operan
necesariamente de forma idéntica en contextos diferentes. La intervención es histórica, es cultural, es política. Es por eso que insisto tanto en que las
experiencias no pueden ser transplantadas, si no reinventadas".

No existe un modelo de educación bilingüe universal, pues de existir estaríamos de
frente a una contradicción con la misma intención histórico-cultural de esta propuesta
educativa. Aquello que si existe son diferentes escuelas bilingües, distintos procesos y
mecanismos de bilingüismo, cuyas raíces dependen y se relacionan con factores y
procesos históricos, sociales, lingüísticos y políticos diferentes para cada país. La complejidad y multiplicidad de esos factores produce, necesariamente, distintos
modelos educativos, con sus diferentes propuestas y objetivos.
Ahora bien: no hay nada terrible en la afirmación que acabo de hacer. Que el
bilingüismo no esté hecho y haya que hacerlo nos dice, sólo, que se trata de una
proceso educativo, de una transformación pedagógica. Lo que parecen temer algunos
maestros, directivos, administradores educativos y padres, es que tal transformación
requiera de un tiempo
demasiado largo de transición, de años en los cuales no puedan
verse los resultados; que, al fin y al cabo, la educación bilingüe no resuelva los
problemas que fueron causa del desvelo de la escuela del pasado. Es indudable que,
por un lado, la educación bilingüe no corre detrás de esos resultados y, por otro lado,
que el tiempo de la Educación y el tiempo de la educación especial son ideológica e
históricamente diferentes.
Sin embargo: ¿porqué insistir tanto en tener modelos de educación bilingüe al alcance
de la mano, para imitar o copiar, si realmente queremos fundar y desarrollar una
nueva perspectiva educativa? ¿O sólo pretendemos un nuevo maquillaje para un
rostro definitivamente demacrado? ¿Porqué asociar la educación bilingüe con un
hipotético método bilingüe, si justamente con la educación bilingüe se plantea una
oposición radical entre sistemas de educación y metodologías?

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