Hector Jorge Cassé
    Futbolista sordo argentino famoso
    Falleció el mejor arquero sordo argentino de la historia

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A los 46 años, falleció ayer (10/11/03) Héctor Jorge Cassé, ex arquero de Temperley, como consecuencia de un tumor en los pulmones . Sus restos fueron velados en Lafuente 854, en el barrio de Flores.

En el fútbol argentino era conocido como El Mudo Cassé. Su historia fue un ejemplo de lucha ante la adversidad. Una vida de esfuerzo que le permitió llegar a jugar en primera división pese a que por una otitis mal curada, a los nueve meses había perdido el 80% de la audición. De chico aprendió a leer los labios y ejercitó sus cuerdas vocales para poder comunicarse en vez de utilizar sólo el lenguaje de señas.

Su debut en la máxima categoría del fútbol argentino se produjo en 1979, en Gimnasia y Esgrima La Plata, con Antonio Ubaldo Rattín como DT. Después pasó a Temperley, donde fue una de las figuras del ascenso a primera tras una histórica definición por penales ante Atlanta (13-12), en la que le atajó un penal a Enrique Hrabina y convirtió otro.

Tenía como máximo ídolo a Ubaldo Matildo Fillol, a quien conoció en la selección nacional, ya que fue convocado por Carlos Bilardo en la década del 80, aunque nunca llegó a jugar un partido con la camiseta celeste y blanca. También se desempeñó en Douglas Haig, de Pergamino.

Actualmente trabajaba como remisero y jugaba en un torneo de veteranos en el club Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires.Había nacido el 21 de junio de 1957 en Salliqueló, Buenos Aires.
(Fuente: La Nación digital) (Gracias por enviar la información a Ernesto Davis)

 

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Artículo publicado en el diario deportivo Olé de Buenos Aires, Argentina.
Periodista: Julio Boccalatte - Título: El socio del Silencio - 09/06/2001


Sordo desde los nueve meses, hizo de su drama una anécdota y se ganó un lugar en el fútbol. Arquero de buenos reflejos, llegó inclusive a la Selección de Bilardo. Le gustaban las cargadas.
Cassé, hincha fanático de River, solía usar un buzo Olimpia que le había regalado su ídolo y amigo: el Pato Fillol.
Luego del sorteo correspondiente, a Héctor Jorge Cassé, arquero de Temperley, le tocó arrancar el partido dándole la espalda a los hinchas de San Lorenzo. Y los hinchas de San Lorenzo no iban a desperdiciar chance semejante: levantaron sus brazos y los agitaron, furiosos, al compás de un inequívoco "Cassé compadre".
Pero sin decir palabra.
Cassé, sordomudo pero no estúpido, advirtió por dónde venía la cargada, ese "dígalo con mímica" tribunero. Y se hizo cómplice: esbozó una sonrisa, saludó a los hinchas. En ese gesto se sintetiza su proeza: la voluntad para convertir su drama en una anécdota.
Oficio mudo. Héctor Jorge Cassé nació el 21 de junio de 1957 en Salliqueló, Buenos Aires. A los nueve meses de vida, una otitis mal curada le provocó una sordera casi total: apenas mantuvo el 40% de la capacidad para escuchar en el oído derecho. 
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Así, Cassé vivió su infancia como pupilo del Colegio Oral de Palermo, en el que aprendió a leer los labios y ejercitó las cuerdas vocales en vez de usar exclusivamente el lenguaje de señas. Pero nunca abandonó su sueño: ser futbolista profesional. Arquero, para más datos. Y lo logró rápido, primero en el Jorge Newbery de su ciudad natal, después en Gimnasia y Esgrima La Plata, del que guarda, como recuerdo más preciado, un par de botines que le regaló el mismísimo Hugo Gatti, el Loco, quien se alejaba del club.
Debutó en la Primera del Lobo en 1979. "Lo puse porque era muy buen arquero. Su problema no pesaba para nada", recordaría con el tiempo su técnico de entonces, Antonio Ubaldo Rattín.
En el 80, finalmente, pegó el salto al equipo desde el que ganaría trascendencia: Temperley.

La risa fácil. Cuando la gente empezó a reconocerlo, Cassé ya había ganado la batalla. "Es un caso sorprendente; las personas con esta clase de incapacidades tienden principalmente al aislamiento", opinaban en la época distintos especialistas.
Héctor había tenido una lección más íntima: el hermano que lo seguía en edad, Gustavo Alfredo, había muerto de leucemia a los cinco años. Al lado de esa tragedia, su sordera (y la de su hermana menor, Erica), era una broma.
De ese modo lo incorporó.

"Mis rivales me decían sordo puto, pero a mí no me molestaba. Yo siempre tranquilo, con mi vida", contaría ya retirado. claro: también fue el blanco preferido de las cargadas de sus circunstanciales compañeros. 

Como cuando, cierta vez, Erbín le prestó el auto: "Tomá -le dijo-, no hay drama. Pero tiene trabada la bocina". Los otros compañeros, cómplices, se acercaban y se tapaban los oídos, como si el bocinazo permanente les resultara insoportable. Cassé estuvo un rato largo tratando de solucionar un problema inexistente, revisando el volante, siguiendo el recorrido de los cables, mientras el plantel se desintegraba de la risa. Cassé, al que siempre terminaban por confesarle de qué se había tratado todo, también siempre respondía con más risas.

A la Selección. Mientras tanto, Cassé consolidaba su carrera deportiva. Como el Pato Fillol (su ídolo y más tarde su amigo), exhibía un estilo basado en reflejos y elasticidad. Un arquero más atajador que salidor, a veces altivo, siempre pícaro: "A algunos pitazos del árbitro podía escucharlos. Pero, si no me convenía, me hacía el gil". Y en Temperley protagonizó lo que, al cabo, sería su hazaña: el ascenso a Primera a finales de 1982, al ganarle a Atlanta en cancha de Huracán una recordada definición con tiros desde el punto del penal. El resultado, 13-12, fue producto del remate que Cassé le atajó a Hrabina.a en Primera División, Cassé vivió sus mejores años, precisamente del 83 al 85. Temperley lo declaró intransferible ante sendos pedidos de Independiente y Rosario Central, y Carlos Salvador Bilardo lo incluyó en una convocatoria a la Selección Argentina, aunque no alcanzó a jugar.

Las chances frustradas de pasar a un equipo grande lo fueron desanimando, y en el 86 (un año después de protagonizar un incidente con Alfredo Graciani en la cancha de Boca, lo que le valió seis fechas de suspensión), comenzó lo que sería un intenso recorrido por distintos equipos: quedó libre de Temperley, pasó por Quilmes (con el que también ascendió), Douglas Haig, Atlanta, un par de clubes del Interior...

Se retiró en el 94 e hizo un intento para volver en el 97, cuando jugó algunos minutos en Excursionistas a cambio de los viáticos para la nafta... que nunca le pagaron. De allí hasta ahora integró algunos equipos regionales (Atlético Chascomús, Lezama FC), y, como lo hizo ante un pedido de Fillol para recaudar fondos en la lucha contra la bulimia y la anorexia, participa de partidos a beneficio, en los que lo único que añora es el grito mudo de "Cassé compadre", y los brazos agitándose furiosos en el viento.

Nota: Hector Jorge Cassé fue compañero de colegio de Ernesto Davis en el Instituto Oral Modelo.

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