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Las discapacidades y los prejuicios
 
Artículo enviado por Ernesto Davis, publicado en el Diario La Nación con
motivo del Censo Nacional
Argentina

En el Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas que se realizará en el próximo mes de noviembre, una de las 64 preguntas previstas estará dedicada a conocer las discapacidades que padecen algunas personas. Muchos cuidados deberán adoptarse para evitar errores, deformaciones o posibles rechazos ante una cuestión que podría parecer, por lo menos en muchos casos, irritativa o discriminatoria.

Según ha informado la Dirección de Estadísticas y Poblaciones del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), el censista deberá leer las opciones de una única pregunta. Su consigna consiste en esperar una respuesta positiva ante cualquiera de dichas opciones para marcar el correspondiente casillero. Se aceptará, en todos los casos, la declaración de la persona que responda, aunque la evidencia esté indicando lo contrario. Esto equivale a decir que el censista no registrará una discapacidad aunque la compruebe, aunque esté a la vista.

Las opciones previstas son múltiples: extrema dificultad visual, falta de alguno de los miembros, malformaciones, retardos mentales, etcétera. No se considerarán, en este relevo, a quienes tienen discapacidades temporales (alguien que esté enyesado, por ejemplo), a los que han recibido trasplantes ni a los que emplean marcapasos.

No resulta difícil comprender la extrema dificultad para definir lo que se debe entender por discapacidad ni el esfuerzo técnico realizado por los especialistas para construir un cuestionario que no llegue a herir susceptibilidades y proporcione, a la vez, la información que se está necesitando. El año próximo se realizará una nueva visita a los hogares en los cuales se hayan obtenido respuestas positivas, a fin de realizar una investigación más completa y profunda.

En el país hubo intentos anteriores para determinar la existencia de discapacidades y de la comparación entre las preguntas que se hacían en épocas remotas y las que se formulan en nuestro tiempo emerge una buena señal de la forma positiva en que han evolucionado los conceptos y las actitudes frente a estos problemas. En 1869 se preguntó por la existencia de hijos ilegítimos, personas amancebadas (esto es, no unidas por el matrimonio) cretinos, imbéciles, estúpidos. La lista incluía a los huérfanos de padre y madre. El último intento, en el censo de 1960, se limitó a los impedimentos físicos permanentes.

La sociedad necesita conocer la naturaleza y magnitud de las discapacidades de sus miembros para ayudarlos en la superación de sus dificultades, pero también para obtener de ellos los mejores desempeños posibles. Los criterios modernos, que una adecuada publicidad ha sabido difundir, insisten en la existencia de capacidades diversas en los seres humanos, que no se deben separar de los contextos o puntos de vista en los cuales son consideradas.

Importa sobremanera, más allá del valioso criterio elegido para hacer las preguntas, que la población colabore de la mejor manera posible, tanto respondiendo correctamente este cuestionario como al que se prevé para el año venidero.

La progresiva superación de los prejuicios que durante tanto tiempo levantaron barreras psicológicas casi infranqueables entre las personas con alguna discapacidad psíquica o física y el resto de la sociedad llena uno de los capítulos más fecundos de la lucha que la humanidad ha librado por la consolidación de los derechos humanos. Cuanto se haga para desterrar los resabios de discriminación que todavía subsisten debe ser celebrado como un paso más hacia la construcción de una sociedad más humana y solidaria.

http://www.lanacion.com.ar/01/09/30/do_339183.asp
LA NACION | 30/09/2001 | Página 18 | Opinión