En el Censo Nacional de Población, Hogares y
Viviendas que se realizará en el próximo mes de noviembre, una
de las 64 preguntas previstas estará dedicada a conocer las
discapacidades que padecen algunas personas. Muchos cuidados
deberán adoptarse para evitar errores, deformaciones o posibles
rechazos ante una cuestión que podría parecer, por lo menos en
muchos casos, irritativa o discriminatoria.
Según ha informado la Dirección de Estadísticas
y Poblaciones del Instituto Nacional de Estadística y Censos
(Indec), el censista deberá leer las opciones de una única
pregunta. Su consigna consiste en esperar una respuesta positiva
ante cualquiera de dichas opciones para marcar el
correspondiente casillero. Se aceptará, en todos los casos, la
declaración de la persona que responda, aunque la evidencia esté
indicando lo contrario. Esto equivale a decir que el censista no
registrará una discapacidad aunque la compruebe, aunque esté a
la vista.
Las opciones previstas son múltiples:
extrema dificultad visual, falta de alguno de los miembros,
malformaciones, retardos mentales, etcétera. No se considerarán,
en este relevo, a quienes tienen discapacidades temporales
(alguien que esté enyesado, por ejemplo), a los que han
recibido trasplantes ni a los que emplean marcapasos.
No resulta difícil comprender la extrema
dificultad para definir lo que se debe entender por discapacidad
ni el esfuerzo técnico realizado por los especialistas para
construir un cuestionario que no llegue a herir
susceptibilidades y proporcione, a la vez, la información que
se está necesitando. El año próximo se realizará una nueva
visita a los hogares en los cuales se hayan obtenido respuestas
positivas, a fin de realizar una investigación más completa y
profunda.
En el país hubo intentos anteriores para
determinar la existencia de discapacidades y de la comparación
entre las preguntas que se hacían en épocas remotas y las que
se formulan en nuestro tiempo emerge una buena señal de la
forma positiva en que han evolucionado los conceptos y las
actitudes frente a estos problemas. En 1869 se preguntó por la
existencia de hijos ilegítimos, personas amancebadas (esto es,
no unidas por el matrimonio) cretinos, imbéciles, estúpidos.
La lista incluía a los huérfanos de padre y madre. El último
intento, en el censo de 1960, se limitó a los impedimentos físicos
permanentes.
La sociedad necesita conocer la naturaleza y
magnitud de las discapacidades de sus miembros para ayudarlos en
la superación de sus dificultades, pero también para obtener
de ellos los mejores desempeños posibles. Los criterios
modernos, que una adecuada publicidad ha sabido difundir,
insisten en la existencia de capacidades diversas en los seres
humanos, que no se deben separar de los contextos o puntos de
vista en los cuales son consideradas.
Importa sobremanera, más allá del valioso
criterio elegido para hacer las preguntas, que la población
colabore de la mejor manera posible, tanto respondiendo
correctamente este cuestionario como al que se prevé para el año
venidero.
La progresiva superación de los prejuicios
que durante tanto tiempo levantaron barreras psicológicas casi
infranqueables entre las personas con alguna discapacidad psíquica
o física y el resto de la sociedad llena uno de los capítulos
más fecundos de la lucha que la humanidad ha librado por la
consolidación de los derechos humanos. Cuanto se haga para
desterrar los resabios de discriminación que todavía subsisten
debe ser celebrado como un paso más hacia la construcción de
una sociedad más humana y solidaria.