La
comunicación total no es un lenguaje o un sistema específico de comunicación,
sino más bien una filosofía educativa. Desde que fuera propuesta
en los años sesenta, la filosofía de la comunicación total ha animado
a los profesionales a desarrollar enfoques comunicativos flexibles.
Permite adaptaciones diferentes según las características y necesidades
de cada niño posibilitando que cada uno tenga
la oportunidad de desarrollar el sistema que le
resulte más idóneo.
Las personas que aceptan la comunicación total se
centran en las aptitudes del niño antes que en
sus deficiencias y utilizan con él todas las
formas de comunicación que éste pueda comprender (Centro de Comunicación
Total, 1987, p. 18). En la siguiente figura
encontramos diferentes medios de comunicación que
pueden contemplarse en el marco de la filosofía de la comunicación total.
¿Qué es la comunicación total?
Esta filosofía surgió en el ámbito de la educación de los alumnos sordos,
aunque muy pronto fue aplicada a otras personas con importantes dificultades
para la comunicación oral: personas con autismo y/o con retraso
mental. La comunicación total fue definida por Denton (1970) como:
El derecho del niño sordo a utilizar todas las formas de comunicación disponibles
para desarrollar la competencia lingüística. Esto incluye un amplio
espectro: gestos realizados por el niño, habla, signos formales, dactilología,
lectura labial, lectura, escritura, así como otros métodos que
puedan desarrollarse en el futuro. Debe darse también a todos los niños sordos
la oportunidad de aprender a utilizar cualquier resto auditivo que puedan
tener, empleando el mejor equipo electrónico posible para la amplificación
del sonido (Denton, 1970, p. 12).
La filosofía de la comunicación total llevó consigo la creación de sistemas
de comunicación manual que ayudaran a simultanear el habla con signos.
Esto dio lugar a que en muchas prácticas educativas se asimilara la concepción
de la filosofía de la comunicación total a métodos de comunicación
simultánea o bimodales, dando lugar a que, en muchos casos, estos
términos fueran utilizados indistintamente. De ahí que en la bibliografía
anglosajona muy a menudo encontremos una utilización de los términos
comunicación total y comunicación simultánea (o bimodal) como sinónimos.
La comunicación total fue establecida como filosofía en la educación de
los sordos a principios de los años 70 y su puesta en práctica más común,
la comunicación simultánea, ha sido desde entonces la metodología predominante
en los Estados Unidos . El modo requerido de comunicación en prácticamente
todos los programas de comunicación total es el inglés hablado,
apoyado, de forma simultánea, por signos Johnson, Liddell y Erting,
1989, p. 4).
Este empleo de los términos como prácticamente sinónimos se hace aún más
patente cuando analizamos la influencia que la concepción de la comunicación
total tuvo en el desarrollo de programas de intervención para personas
que no eran sordas pero que presentaban importantes problemas para adquirir
y comunicar por medio del lenguaje oral, especialmente niños autistas
y niños con retraso mental. Como ya hemos comentado, está ampliamente
difundido el programa de Schaeffer y cols. (1980) conocido bajo el
nombre de habla signada, comunicación simultánea y/o comunicación
total.
En un intento por paliar, en la medida de lo posible, la confusión terminológica
existente, proponemos emplear el término comunicación total de
forma global, para hacer referencia a una filosofía educativa que contempla
el empleo de distintas estrategias comunicativas para facilitar las
interacciones de aquellas personas con dificultades de acceder a la
comunicación oral. Siempre que queramos hacer referencia al sistema que,
en concreto desarrolló Schaeffer, lo haremos
denominándolo «Programa de comunicación
total».