Home
   Atrás

  Agradecimiento

A mis hermanos sordos

 

  Gracias, porque con tus esfuerzos
  me enseñas que no debo rendirme
  frente a las dificultades.

  Gracias, porque al aprender mi lenguaje
  me enseñas que yo también
  debo aprender el tuyo.

  Gracias, porque al acercarte a mí
  me enseñas que tú no me discriminas
  aunque seamos diferentes.

  Gracias, porque con tu silencio
  me enseñas a hablar menos de mí
  y a escuchar más a los demás.

  Gracias, porque con tu honestidad
  me estimulas a trabajar
  por un mundo más justo. 

  Gracias, porque con tu perseverancia
  me das fuerzas para seguir
  cuando creo que ya no puedo.

  Gracias, porque la luz de esperanza
  que veo brillar en tu corazón
  me recuerda que luchar vale la pena.

  Gracias por enseñarme que el verdadero amor
  se demuestra sin palabras.
 

  ¡Gracias a todos los sordos que día a día
  nos enseñan tantas cosas!

 

 

 

 

 

     
  Compartimos el mismo cielo,
  la misma tierra,
  el mismo sol y la misma luna.
  Sin embargo, parece que viviéramos
  en dos mundos separados.
  En el tuyo reina el silencio
  junto a tus emociones, pensamientos,
  y el latido de tu corazón.
  En el mío, las voces y los sonidos
  nos invaden sin parar.

  A veces, cuando una melodía suave
  o el canto de los pájaros
  serenan mi alma,
  puedo prestar más atención
  a mis emociones, mis pensamientos,
  y escuchar el latido de mi corazón.
  Pero sólo a veces.

  Cuando tus manos me hablan
  todo tu universo aparece
  dibujado frente a mí
  como una pintura maravillosa.
  Tienes tanto para contarme…
  Tus manos son tan ágiles
  como gaviotas en vuelo.
  Las mías, un poco torpes,
  apenas dicen algunas frases.

  Pero más allá de nuestras manos,
  están tus ojos.
  Tus ojos profundos, sinceros,
  que reflejan la intensidad de tus sentimientos.
  Tus ojos tristes, perdidos,
  cuando todos a tu alrededor
  se olvidan de ti.
  Tus ojos brillantes, felices,
  cuando nuestras almas se tocan
  más allá de las palabras.

  Hermano: quiero aprender de ti,
  de tu abrazo sincero y de tu mano amiga.
  Y quizás algún día mientras estemos juntos
  contemplando las estrellas,
  descubramos que nuestros pensamientos
  pueden comunicarse,
  y que nuestros corazones conversan
  sin señas y sin palabras.
  ¡Y ese día los dos mundos
  por fin, se habrán encontrado! 

                             

María Inés Di Pietro
Familiar de una persona sorda.
Estudia LSA.
sitiodesordos.com.ar  nuestro lugar