Mucho se ha hablado sobre las ventajas de la
integración de las personas discapacitadas al sistema común de enseñanza.
No se puede negar que ello es cierto, siempre y cuando se cumplan una
serie de requisitos para el éxito de la integración.
En esta oportunidad quiero referirme a los intentos
de integrar a jóvenes sordos a la Enseñanza Media en Chile.
En los dos últimos años, el Gobierno de Chile está
empeñado en integrar a todos los discapacitados al sistema de educación
común, omitiendo considerar aspectos fundamentales para el pleno éxito
de ese objetivo. Las autoridades se amparan en la igualdad de
oportunidades, educación e integración para todos, pero
extraoficialmente se ha comentado que la razón es otra y de tipo económico,
ya que la educación especial resulta demasiado onerosa de mantener,
pues un solo alumno con necesidades educativas especiales le significa
al Estado un desembolso aproximado de $ 100.000 mensuales; de ahí el
objetivo encubierto de la integración, ya que los costos se rebajarían
a más del 50%. Obviamente, el Gobierno lo niega terminantemente, sin
embargo es un secreto a voces entre la comunidad de la educación
diferencial.
Con respecto a la integración de jóvenes sordos a
la Educación Media común, equivalente a estudios secundarios, últimamente
y con el patrocinio de las autoridades se está procediendo a la
integración indiscriminada, presentándolo ante los ojos de la opinión
pública como un "proyecto novedoso e innovador" que ha
significado un logro importante o un éxito pleno.
Sin embargo, lo anterior dista mucho de la realidad
por cuanto el sistema educacional chileno común no está preparado
para una plena integración de alumnos sordos. En efecto, es sabido, y
así lo demuestran estudios internacionales sobre la materia, que para
lograr la integración exitosa de un sordo a la educación común se
deben considerar los siguientes factores:
- El alumno debe poseer un elevado coeficiente intelectual
- Poseer buena lectura labio facial
- Ser capaz de realizar lectura en forma comprensiva
- Poseer un desarrollo aceptable del aspecto cognitivo
- Poseer cierto grado de independencia e iniciativa
Obviamente, el alumno que no reúne las condiciones
descritas no se encuentra apto para integrarse a la educación común,
donde debe interactuar con un grupo aproximado de 40 alumnos oyentes.
Además, los docentes, al no estar interiorizados de las necesidades
educativas especiales que requiere un alumno sordo, no saben como
enfrentar el problema, siendo el resultado un fracaso escolar.
Lo anterior es una variable que se viene dando a
nivel mundial, y Chile, un país muy atrasado en materia de educación
e integración del sordo, no puede ser una excepción a la regla. Si a
esto sumamos el hecho de que los planes o proyectos de integración,
como es costumbre, son elaborados por personas oyentes y desde el
punto de vista oyente, sin considerar para nada la opinión de
especialistas sordos o expertos en la materia, es lógico que el
resultado, pese a las buenas intenciones, en la práctica se traduzcan
en el más completo fracaso.
Resulta preocupante la indolencia y negativa de las
autoridades a comprender lo ya enunciado anteriormente y corregir los
errores señalados, insistiendo en proyectos que, más que favorecer a
los jóvenes sordos, sólo tienden a provocar un daño y crear un
estado de frustración.
Al señalar que el enfoque incorrecto de la
integración de sordos a la educación común les provoca un estado de
frustración, me refiero al hecho de que constituye una integración
forzada, se crean falsas expectativas entre los padres y los mismos
alumnos, y arroja a los jóvenes sordos a un mundo desconocido para
ellos, muchas veces sin la más mínima preparación, donde se sienten
excluidos e incapaces de interactuar con el ambiente que los rodea,
obteniendo, por lo general, muy bajas calificaciones y nulos avances
en materia escolar.
En mi contacto con un grupo de jóvenes sordos
recientemente integrados a la Educación Media común, la mayoría de
los cuales no cumplen con los requisitos mínimos necesarios para una
buena integración y además son usuarios del lenguaje de señas, éstos
me han manifestado que los profesores se pasean por la sala dictando
la materia, siéndoles imposible comprender lo que se trata en clase;
deben interactuar con un grupo numeroso de alumnos oyentes; conseguir
un cuaderno con la materia tratada, copiarla y que no entienden nada
por tratarse de temas complejos de carácter abstracto (recordemos que
el sordo tiene severos trastornos de comprensión de contenidos
abstractos); la comunicación con el docente les resulta difícil e
incomprensible, y, por último, a pesar de contar con el apoyo de un
docente diferencial, fuera del horario de clases, éste sólo les
explica la materia en forma resumida y con apoyo del lenguaje de señas,
lo que también les resulta insuficiente.
Además de lo anterior, los mismos alumnos sordos
integrados reconocen que se encuentran en un medio hostil no por
voluntad propia, sino porque así lo exigen sus padres, los que, a su
vez, han sido fuertemente concientizados e influenciados por
profesores y autoridades que participan de ese proyecto. A todas luces
se trata de una integración forzada, donde lo único que vale es el
éxito pleno de la experiencia, sin importar los medios, y no se
considera la opinión, sentimientos y estado emocional del alumno al
que se pretende favorecer.
A lo largo de mi carrera docente también he sido
testigo de numerosos fracasos escolares de jóvenes sordos integrados
a la Educación Básica y Media común, sólo en la Región de Valparaíso,
Chile. De ellos, muchos cumplían todos los requisitos para una
integración exitosa, pero aún así no fueron capaces de adaptarse a
las exigencias del sistema educacional común, finalizando
invariablemente sus estudios en un establecimiento de educación de
sordos que cuenta con Educación Básica y Media, impartida por
profesores oyentes capacitados en el uso del lenguaje de señas,
utilizando de preferencia el sistema de comunicación bilingüe.
Gracias a ello, muchos jóvenes sordos pudieron terminar sus estudios
secundarios, integrándose posteriormente al mundo laboral o
continuando estudios en institutos profesionales.
Para concluir, a la luz de los porfiados hechos,
resulta claro que los actuales proyectos de integración de jóvenes
sordos a la Educación Media común en Chile, que no consideren los
requisitos mínimos que debe cumplir una persona sorda para su
integración y no incluyan en su elaboración la valiosa participación
de los profesores sordos o especialistas en la materia, se encuentran
destinados al más completo de los fracasos. Se trata de un proceso
que ya está muerto antes de nacer.
Sería importante considerar la inclusión de
materias sobre discapacidad en la malla curricular de las carreras de
Pedagogía en Educación que imparten las casas de estudios
superiores, como una forma de entregar un mínimo de preparación a
los futuros docentes para que puedan desarrollar un mejor trabajo en
caso de que se integre un alumno con necesidades educativas especiales
a su curso. Esto subsanaría en gran parte el total desconocimiento
que los actuales docentes tienen sobre la materia y es una de las
causas principales del fracaso de la integración escolar.
En lo que se refiere al tema de la sordera, los
futuros profesionales de la educación deberían recibir un curso
obligatorio de lenguaje de señas y psicología del sordo, ya que sólo
así contarán con las herramientas necesarias para el pleno logro de
los objetivos que persigue la integración.
Se debe considerar también que, aunque existan jóvenes
sordos que cumplan todos los requisitos para una plena integración al
sistema educacional común, siempre existirán muchos que no podrán
adaptarse a esas exigencias y ello nos plantea la siguiente
interrogante: ¿qué hacer o qué ofrecer como alternativa en este
caso?
La respuesta es una sola, considerando el fracaso
escolar, la dasadaptación social, la frustración, el daño emocional
y los nulos avances pedagógicos: la creación de establecimientos
educacionales para sordos que impartan Educación Básica y Media Común,
con profesores capacitados en el uso del lenguaje de señas, donde las
materias sean impartidas a través del sistema bilingüe, en un
ambiente apropiado, donde los alumnos se sientan cómodos, respetados,
puedan comprender los contenidos entregados, participar y compartir
con sus pares a través de su lengua natural y su propio medio
sociocultural.
La propuesta ya está presentada, ahora sólo
compete a las autoridades educacionales asumir el desafío y enmendar
los errores que impiden una verdadera integración del sordo a la
educación común.