EXPERIENCIA EN LA
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En la Conferencia " El estudiante sordo y la universidad " dictada en la Universidad de Buenos Aires, Argentina disertaron profesores, profesionales y  Mariana Reuter, vicepresidenta del Centro de Estudiantes Sordos C.E.S. Estas fueron sus palabras.

 ¨Soy hipoacúsica, es decir, tengo un resto auditivo a diferencia de la sordera profunda. Soy vicepresidenta del C.E.S., además soy coordinadora de los cursos de Lengua de Señas
Argentina (LSA) en la facultad de Cs. Sociales en la UBA a partir de este verano 2000. Y
también soy instructora de LSA en la Universidad de La Matanza.

Ustedes me ven hablando oralmente. Acá hay una interprete de lengua de señas argentina para
los sordos que están en el público. Vemos que se están utilizando dos idiomas diferentes. Lo importante es que todos podemos comunicarnos y entendernos por igual, es decir la COMUNICACIÓN. Nosotros, los sordos e hipoacúsicos, no somos personas discapacitadas entre comillas. Solo tenemos una limitación, precisamente la comunicación. Al no tener audición, utilizamos la vista. Por eso nosotros conformamos una minoría lingüística dentro de la sociedad mayoritariamente oyente. Es decir, somos un grupo con una lengua natural
viso-gestual, una historia y cultura visual propias.
Me encuentro aquí para contarles mi experiencia como estudiante universitaria en la UBA hace
casi diez años atrás. Les hablaré de mi caso, pero no se olviden que existen muchos otros y diversos casos particulares.
Como en muchísimos casos de chicos sordos de padres oyentes, yo crecí en un ambiente oyente. De niña asistí a un colegio especial oralista, donde nos era prohibido utilizar las manos para comunicarnos, donde aprendimos a hablar, leer, escribir utilizar la lectura labial como recurso para comunicarnos... Luego curse la secundaria en uno común (de oyentes). Por la preparación recibida en la primaria, me fue bien en los estudios. Por otro lado, no me fue bien en cuanto a la relación social con mis compañeros. Me encontraba sola. Una barrera se construyó en la distancia que existía entre los chicos y yo por el miedo de ellos a lastimarme con preguntas sobre mi sordera, por falta de información general. También contribuyó mi timidez. Yo quería que me preguntaran de todo acerca de mi limitación. Preguntas abiertas, sinceras...

Pero pareciera que llamo más la atención mi cartel ¨Yo soy sorda¨.

Cuando llegó la hora de decidir que hacer con mi futuro, no dude en anotarme en el CBC de la Licenciatura en Ciencias Biológicas de la UBA. Fue una experiencia muy linda. Yo misma tuve que decir que era hipoacúsica a mis compañeros mas cercanos y a los docentes de turno... Y tuve apoyo espontaneo. Los chicos me prestaban sus apuntes, nos reuníamos en alguna casa para estudiar y consultar dudas. Los docentes trataban que yo pudiera seguir la clase mediante la lectura labial. Me perdía bastante, pese a tener un muy buen entrenamiento..(no es posible asimilar todo mientras el docente da la espalda o camina por el aula, etc. ) Sin embargo me era suficiente el apoyo del grupo de amigos y el material de estudio disponible. Los chicos me decían con ironía que no me preocupe pues el contenido de la bibliografía obligatoria era prácticamente idéntico a lo que se dictaba en clase... Inclusive me animaba a veces a participar activamente en los diálogos entre el docente y los alumnos. Las aulas eran pequeñas y con mucha luz.

Llegó por fin el primer año de la carrera en la enorme Ciudad Universitaria. Con los típicos sentimientos de una estudiante que ingresa, mas todo lo que acarrea mi limitación auditiva. Fue un giro de 180 grados.. En ese período que duró mas o menos cuatro años, me sentí mas sorda que nunca en un mundo completamente lleno de oyentes. Como está escrito en mi certificado de discapacidad, ¨la deficiencia se da en la comunicación¨. Mis ojos no bastaban para asimilar todo el dictado de clases: generalmente duraba mas de tres horas, el aula era inmenso en comparación con las de la secundaria y del CBC, a cada materia asistíamos alrededor de trescientos o mas alumnos y no siempre me sentaba en las primeras filas. En las clases teóricas, el profesor solía recurrir con frecuencia a exposiciones mediante diapositivas, fotos u otros elementos, quedando la sala a oscuras... En las prácticas de laboratorio siempre dependía de un compañero para realizar los trabajos e informes correspondientes. Porque prácticamente no tenía idea de lo que se tenía que hacer, pese a las indicaciones del pizarrón o en los apuntes, generalmente breves. Además el recurso de la lectura labial no me era suficiente ya que el docente daba la espalda a menudo o no modulaba claro o se encontraba a una distancia considerable... Y no podía pedir ayuda constante a los atareados ayudantes de cátedra. Y estudiaba solamente de los libros. Ahora me di cuenta porque para los oyentes es imprescindible concurrir a clases teóricas. El profesor suele explicar y ahondar el contenido de los libros. Entonces tods estos factores influyeron en la pérdida paulatinamente de interés y ganas de asistir a clases. Me aburría y me fatigaba el esfuerzo de entender los libros sola... Sólo conseguía ayuda por parte de algún ayudante de cátedra o compañero solidario.
Llegó el día en que empecé a faltar o llegar tarde hasta abandonar definitivamente la facultad. Pese a que logré aprobar ocho materias, aparte de las del CBC. Pese a que adquirí una experiencia muy valiosa en aquel ámbito por el hecho de abrirme al mundo, a la realidad en todo sentido... Mientras tanto, en los dos últimos años antes de abandonar la carrera, yo me jontaba con sordos los fines de semana. Sentía una especie de compensación luego de una larga semana de ¨solitariedad¨ en las aulas de la Universidad. Empezaba a darme cuenta de esta identificación única , especial, particular con otras personas con la misma dificultad de comunicación. Y me contacte con sordos dominantes de la lengua de señas argentina. En un principio los rechazaba porque no podía comunicarme con ellos. Luego iba descubriendo la existencia de un mundo, una verdadera comunidad (asociaciones, teatro, fiestas, etc.) Viviendo estas experiencias emotivas contradictorias en la época de estudiante universitaria, me preguntaba que es la integración.

No se trata de que en un aula convivan alumnos ¨normales¨ y ¨discapacitados¨ solamente. La integración se concreta cuando se atienden las necesidades especiales del individuo. En el caso de los sordos e hipoacúsicos la real integración se concretaría con la presencia de intérpretes de la lengua de señas u oral o escrita (a libre elección, dependiendo de la educación recibida en la niñez, etc.) en las clases con el facilitamiento de apuntes, con que el docente sepa con anterioridad si cursan sordos para interiorizarse del tema, etc. Sin embargo para lograr que el sordo pueda cursar cualquer carrera universitaria, debemos apuntar también a la educación primaria, la base primordial para el desarrollo intelectual, psicológico, emocional, etc. del individuo.

Para que el sistema educativo en la universidad tenga en cuenta las necesidades especiales del sordo y de otros discapacitados, es fundamental la información, el conocimiento, la voz del mismo sordo, es decir, que cuente las experiencias desde las vivencias propias. Existen muchísimos casos de abandono de estudios universitarios por parte d e nuestra comunidad. No es que no quieramos o no podemos estudiar, es que el sistema actual no está preparado para atender nuestras necesidades especiales.

Hasta ahora, desde hace mucho tiempo, nosotros estamos acostumbrados a que los oyentes hablen por nosotros, piensen como educarnos, etc. Precisamente el objetivo principal de mi trabajo como coordinadora de LSA en la UBA (y también uno de los objetivos del CES) es que nosotros empecemos a tener un rol protagónico en el sistema educativo junto con los profesionales oyentes de diversas disciplinas relacionadas con nuestra discapacidad. Informar y concientizar a los estudiantes y futuros profesionales universitarios, docentes. También hay que rescatar lo importante que este proyecto fue pensado y preparado por nosotros, el grupo de sordos del CES... 

En la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA se abrió en 1997 un Curso de Formación Pedagógica para la Educación del niño sordo (tres años), algo novedoso en cuanto a la presencia de intérpretes de lengua de señas para los estudiantes sordos, entre otras cosas. De esta manera en el aula los alumnos oyentes y sordos estaban integrados realmente. Los sordos podíamos participar al igual que ellos en el transcurso de la clase. La docente hablaba oralmente y nosotros seguíamos perfectamente la clase...
Lamentablemente el curso no prosiguió luego de que nos recibiéramos la primer camada.
Todavía me pregunto si la vocación que sentía por la Biología era auténtica o fue aplacada por aquellos obstáculos... Porque estoy segura de que me hubiera recibido si la desventajas que se posee con respecto a los estudiantes oyentes se hubieran tratado con soluciones... Y si hubiera entrado a la Universidad con autoestima, con la aceptación y conocimiento de mi limitación auditiva.