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| Escribe: Ruth López
Baena |
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La Lengua de Signos es una vía de comunicación que se desarrolla de forma natural entre personas sordas. El término "lenguaje" o "lengua" se considera correcto pues nos encontramos con las características propias de un sistema de comunicación complejo, comparables con cualquier lengua oral. Muchas personas sordas adultas reclaman su plena participación en actos sociales y formativos mediante la supresión de la barrera de comunicación que la sordera implica. Solicitan recibir la misma información que las personas oyentes, aunque a través del canal visual; mediante la Lengua de Signos. Pero, ¿qué ocurre con los niños y niñas sordos/as? La educación tradicional de los niños y las niñas sordos/as ha sido mediante un método oralista. El objetivo principal siempre ha sido el desarrollo del potencial auditivo-oral de estos niños y niñas a pesar de las limitaciones que la sordera manifestaba. Este objetivo no se pierde y debe permanecer, pues este es el método real que les acerca a una mayor integración socio-laboral en la edad adulta. Pero todas las personas sordas no tienen los mismos restos auditivos, el mismo potencial para desarrollar satisfactoriamente el lenguaje oral, ni la capacidad para desenvolverse plenamente en ambientes exclusivamente orales. Últimamente es frecuente, al hablar de niños y niñas con deficiencia auditiva o sordera, el hacer alusión al término "educación bilingüe" que no es otra que la que incluiría, además de la enseñanza del castellano, el favorecer el aprendizaje mediante la Lengua de Signos. En el ya aprobado Proyecto de Ley de Solidaridad en la Educación de la Presidencia del Parlamento de Andalucía del 17 de febrero de 1999 encontramos un claro ejemplo de la atención que desde las administraciones se está despertando por la inclusión de la Lengua de Signos en el entorno educativo de los niños y niñas sordos/as: Artículo 11, punto 1: "La Administración educativa favorecerá el estudio y la utilización de la lengua de signos en los centros docentes que escolaricen alumnado con necesidades educativas especiales asociadas a una discapacidad auditiva en grado severo o profundo". Parece que las administraciones educativas empiezan a concienciarse ante las demandas de la comunidad sorda: se aboga por una educación bilingüe. Pero si los profesionales no se ponen al día, esa solidaridad aparente quedará en pura burocracia. Ya son cada vez más frecuentes las oportunidades formativas en este ámbito a través de asociaciones de personas sordas, entidades, sindicatos, etc. Estamos haciendo referencia al aprendizaje de una nueva lengua y no al conocimiento de varios signos (o palabras) aisladas. Es un campo nuevo que se empieza a despertar y en el que se espera mucho de las personas que forman la comunidad educativa para conseguir una educación en igualdad para los niños y las niñas sordos/as de España. Para contactar con la autora: Ruth López Baena c/ Tomás de Aquino, nº 3, 2º, 3 14004 Córdoba. España E-mail: alopezbae@nexo.es
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